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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 923

Aquel jardín de niños era una institución sumamente exclusiva, con una mensualidad que rondaba los cincuenta mil.

Naturalmente, el director no estaba dispuesto a devolver una suma tan considerable, así que intentó persuadirla adoptando un tono de falsa preocupación.

—Es solo un malentendido menor, de verdad no es para tanto. Si no está satisfecha con la situación, puedo despedir a estas dos maestras en este mismo instante. ¿Le parece bien?

Elena sintió un profundo rechazo hacia su forma de manejar las cosas.

Justo en ese momento, su teléfono comenzó a sonar.

Era Alejandro.

—Estoy en la entrada del colegio. Entro en un segundo —se escuchó su voz profunda y serena al otro lado de la línea.

—Perfecto —asintió Elena—. Llegaste en el momento justo. Así podemos hablar los dos con el director sobre el retiro de Aurora.

Los trámites de inscripción de Aurora los había realizado Bianca acompañando a Elena.

Por lo tanto, el director jamás había visto a Alejandro en persona.

Cuando vio a la pequeña Aurora correr hacia los brazos de aquel hombre imponente, llamándolo papá con voz quejumbrosa, un escalofrío le recorrió la espina dorsal.

Aunque no lo conociera en persona, lo había visto innumerables veces en las portadas de las revistas de negocios de Ciudad del Norte.

Al comprender que la niña que había sido maltratada en su colegio era la hija del mismísimo Alejandro, gruesas gotas de sudor frío comenzaron a resbalar por su frente.

La señora Peralta también reconoció el rostro de Alejandro por las noticias financieras.

Su actitud arrogante y prepotente se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Agarró a su hija del brazo y la empujó ligeramente hacia adelante.

—Brenda, la niña es más pequeña que tú. Quitarle sus cosas estuvo muy mal. Pídele perdón ahora mismo.

Diana no pudo evitar poner los ojos en blanco, murmurando con ironía.

—Claro, si mi primo Alejandro no hubiera llegado, a ustedes jamás se les habría cruzado por la cabeza la palabra perdón, ¿verdad?

Elena observó la actitud servil del director y se dirigió a Alejandro.

—Siento que este lugar no es el adecuado para Aurora. Creo que lo mejor será buscar otro colegio. La inscribimos aquí con la intención de que hiciera amigos y conviviera con niños de su edad, pero si hay un ambiente que no la hace sentir segura, no tiene sentido que se quede.

—De acuerdo —asintió Alejandro sin dudarlo—. Le pediré a mi asistente que se encargue de los trámites de baja.

A pesar de las repetidas súplicas y disculpas del director, la decisión era irrevocable.

Cuando Bernardo regresó del trabajo, se encontró con los gritos de la niña.

Su esposa, que tenía muy poca paciencia, seguía lanzándole reprimendas.

—¿Por qué le gritas a la niña de esa forma? —suspiró Bernardo, frotándose las sienes—. Está muy chiquita, no entiende lo que hace.

La señora Peralta, harta de que su esposo viviera inmerso en su trabajo y nunca se involucrara en las decisiones de la casa ni en la educación de la niña, se indignó al escucharlo criticarla.

—¿Acaso tienes idea de lo que hizo hoy en el colegio? Se peleó con una niña más chiquita que ella. ¡Qué vergüenza nos hizo pasar!

—Es normal que los niños peleen —minimizó Bernardo—. Para eso pagamos un colegio tan exclusivo, para que la niña tenga un ambiente libre y sin tantas presiones.

La señora Peralta soltó una risa amarga.

—Si hubiera molestado a cualquier otro niño, me daría igual. ¡Pero tenía que elegir a la hija de la familia Vargas! ¿Cómo no voy a estar furiosa?

Bernardo se quedó de piedra.

—¿La familia Vargas? Pensé que su residencia principal no estaba en esta zona. ¿Sus hijos estudian aquí?

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