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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1171

La anciana Valiente lo miró con severidad y le soltó:

—Si esos dos malagradecidos no quieren reconocerte, simplemente déjales tu fortuna a los hijos de tus hermanos y ya está. Al fin y al cabo, son tu sangre, y tus sobrinos pueden hacerse cargo de ti en tu vejez sin ningún problema.

Al escuchar a su madre, la frustración de Hugo Valiente solo aumentó.

Tenía a sus propios hijos biológicos; ¿por qué diablos tenía que depender de los hijos de otros para que lo cuidaran?

En el fondo, su orgullo no se lo permitía.

No, se negaba a aceptarlo. Tenía que encontrar otra manera.

*

Sofía Vargas y Máximo Zaldívar empacaron sus cosas y se mudaron al País A para terminar sus estudios.

Cuando la señora Vargas se enteró de la noticia, sintió un nudo en la garganta.

Desde aquel desastroso incidente en la fiesta de cumpleaños, Sofía la ignoraba por completo. No le contestaba las llamadas, dejaba sus mensajes en visto y la trataba como si no existiera.

Sabía que había cometido un error imperdonable.

Pero, al fin y al cabo, era su madre. ¿Acaso Sofía no podía hacer el esfuerzo de perdonarla al menos esta vez?

Ese sábado, Alejandro y Elena llegaron de visita con las niñas.

La señora Vargas se acercó a Alejandro con expresión suplicante.

—Hijo, por favor, háblale a Sofía de mi parte. Dile que me equivoqué, que lo lamento. Solo pido que me responda un mensaje... estoy tan preocupada por ella.

Alejandro la miró con indiferencia.

—Si dejaras de intentar manipular la vida de todos, tu relación con ella ya se habría arreglado hace mucho. Esta distancia la causaste tú misma. Déjala en paz y dale espacio para que se le pase el enojo.

La señora Vargas sintió una punzada de indignación en el pecho.

Pero tuvo que morderse la lengua; sabía perfectamente que sus hijos ya no eran marionetas que pudiera controlar.

Llegaron las fiestas de Fin de Año.

Bianca Alvarado y Dante Valverde decidieron celebrar las festividades viajando al extranjero.

Por su parte, la anciana Alvarado armó maletas para irse de viaje con sus amigas de toda la vida.

Esa mañana festiva, Elena y Alejandro durmieron hasta tarde, descansando profundamente.

Las dos pequeñas terminaron de desayunar y se quedaron en la sala jugando con Caramelo y Galletita.

La pequeña gatita y el cachorrito, que apenas eran unas bolitas de pelo cuando llegaron, ya habían crecido un montón gracias a los mimos de las niñas.

De pronto, llegó un mensaje de la anciana Vargas preguntando si irían a almorzar a la mansión principal.

Tras consultarlo, Elena y Alejandro decidieron que irían a comer con la familia.

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