—De ahora en adelante, si vienen parientes de los Vargas y no quieres recibirlos, simplemente no lo hagas. Esa gente no viene con buenas intenciones —le aconsejó Bianca a Elena.
—No te preocupes, mamá. Sé cómo manejarlos —respondió ella con calma.
La señora Ferrer, al notar que el encuentro con Bárbara no había afectado el ánimo de Elena en lo absoluto, no pudo evitar elogiarla.
—Tengo que admitir que tienes una paciencia admirable, Elena. Si hubiera sido yo, le habría gritado y la habría echado a patadas hace rato.
—Si ustedes no hubieran llegado, yo misma estaba a punto de correrla —confesó Elena.
Prefería enfocar su energía en su hogar y en su carrera, no quería desperdiciarla en gente y asuntos irrelevantes.
Mientras tanto, Bárbara, humillada en casa de Elena, corrió directamente a buscar a la señora Vargas para llenarle la cabeza de quejas.
—Te lo dije —suspiró la señora Vargas—. Es imposible tratar con ella. Yo misma he salido perdiendo varias veces.
Pero Bárbara seguía furiosa.
—No, no me voy a quedar de brazos cruzados.
Decidida a vengarse, se dirigió a la casa de Alejandro. Lo esperó en la puerta hasta que llegó del trabajo y empezó a despotricar contra Elena.
—¡Después de todo, soy una mujer mayor! Fui a verla con la mejor intención y me trató con una falta de respeto terrible. Alejandro, tu esposa no puede ser una muchachita tan vulgar, o se correrá la voz y arruinará tu prestigio. Te lo digo por tu propio bien, realmente deberías ponerla en su lugar.
Alejandro la miró con una frialdad absoluta.
Esa sola mirada hizo que a Bárbara se le helara la sangre.
Su esposo y su hijo a menudo la miraban de esa misma manera.
Siempre que sucedía, ella reaccionaba instintivamente intentando complacerlos, mostrando sumisión.
En su mentalidad, los hombres eran superiores por naturaleza.
Creía firmemente que su deber en la vida era mantener la casa perfecta y mantener contentos a los hombres de su familia. Por ende, asumía que todas las mujeres debían comportarse igual.
Pensó que la furia en la mirada de Alejandro no era hacia ella, sino que estaba enojado con Elena por lo que le acababa de contar.
Pero la voz de Alejandro cortó el aire como un témpano de hielo.
—Si vuelves a acercarte a Elena para decir estupideces, transferiré a tu esposo y a tu hijo fuera de Ciudad del Norte. Los enviaré a alguna sucursal lejana y tú te irás con ellos. Así no tendrás tiempo para venir a hacerte la inteligente.
El rostro de Bárbara palideció de golpe.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....