Sofía no lo rechazó.
Era muy raro que él estuviera en el país; probablemente en un par de días tomaría un vuelo a otro rincón del mundo.
Ese trayecto en auto sería uno de sus pocos momentos a solas.
La voz de la razón le gritaba que debía marcar su distancia con Máximo, pero en el fondo de su corazón solo quería quedarse un poquito más a su lado.
Solo por esta vez, se iba a permitir dejarse llevar.
En cuanto subieron al auto, Máximo rompió el silencio de golpe.
—Si todavía tienes ganas de casarte, deberíamos regresar. Sofía, esos tipos de las citas a ciegas no son para ti.
Sofía se quedó pasmada.
Y de repente, los ojos se le cristalizaron.
Máximo de verdad se preocupaba por ella.
Tal vez por respeto a la amistad con Alejandro, siempre la había tratado con un cuidado especial.
Incluso cuando aceptó casarse con ella la primera vez, fue por lástima, para rescatarla de los compromisos que su madre quería imponerle.
—No, Máximo. Pienso que nosotros simplemente no funcionamos juntos.
—¿Y exactamente en qué no funcionamos? —preguntó él, clavándole la mirada.
Necesitaba entenderlo de una buena vez.
Sintiéndose acorralada bajo sus ojos, Sofía no supo qué responder; su mente era un torbellino.
Máximo no quiso presionarla más. Suavizó la mirada, sonrió ligeramente y le acarició el cabello con ternura.
—Seguro te estás muriendo de curiosidad por saber por qué quiero volver contigo, ¿verdad?
Sofía alzó la vista y lo miró fijamente.
Era cierto, la duda la carcomía.
Máximo le habló con un tono lleno de dulzura.
—Cena conmigo mañana y te daré la respuesta.
*
Al día siguiente, Máximo pasó a recogerla a la oficina.
La llevó a uno de sus restaurantes favoritos, aquel al que solían ir todo el tiempo cuando estaban casados.
A Sofía le encantaba que la comida se viera espectacular y siempre lo obligaba a tomarle fotos a todo para subirlo a sus redes.
A Máximo le daba igual lo que hubiera en el menú; siempre dejaba que ella pidiera a su antojo.
Esa noche, él ordenó varios de los platillos que a ella más le gustaban.
El corazón de Sofía dio un vuelco.
Aunque creía que él no la amaba, tenía que admitir que siempre la había tratado como a una reina.
Tras el divorcio, las dudas y el arrepentimiento también la habían rondado.
Vivía aterrada de que las noticias anunciaran pronto el nuevo compromiso millonario de Máximo, así que nunca dejó de estar pendiente de su vida.
Al enterarse de que seguía soltero, en secreto, había respirado aliviada.
—¿No te gusta? ¿O no tienes hambre? —preguntó Máximo al notar que casi no había tocado la comida.
Sofía contestó en voz bajita:
—Ya no soy como antes. Si como tan pesado en la noche, voy a perder la figura.
Máximo soltó una carcajada suave.
—Unas curvas de más te harían ver hermosa.
Al terminar la cena, la llevó de regreso a su casa.
Justo en la puerta, Máximo le entregó una enorme caja de madera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....