El viernes por la noche, Milena Valiente y la señora Rosas llegaron juntas al espectacular banquete en honor a la anciana Belmonte.
La tía Ofelia Belmonte, emparentada con la familia Vargas, era una de las figuras clave de la noche.
Debido a los importantes lazos comerciales que la familia Vargas había forjado con los Belmonte en los últimos años, Alejandro no podía faltar a la celebración.
Como Elena mantenía una excelente relación con Ximena Vargas, y a Aurora le hacía mucha ilusión jugar con el pequeño Eladio Belmonte, primo de Ximena, Elena también asistió acompañada de su hija.
En cuanto Milena vio entrar a Elena al salón, se puso en guardia, lista para la batalla.
Esta era su oportunidad dorada para humillarla y dejarla en ridículo, no podía desperdiciarla.
Elena se cruzó con su suegra, la señora Vargas. Se limitó a asentir con frialdad y murmuró un cortante: «Buenas noches, señora», antes de continuar su camino con Aurora, directamente a saludar a la anciana Belmonte.
La señora Vargas apretó los dientes, con una expresión de pura indignación contenida.
Las damas de sociedad, acostumbradas a ver a la señora Vargas caminando por la vida con aires de superioridad, quedaron boquiabiertas al verla tan sumisa.
Varias mujeres comenzaron a murmurar entre ellas, admirando en secreto el carácter fuerte de Elena, capaz de doblegar a alguien tan imponente como la señora Vargas.
Mientras tanto, Milena no se despegaba del brazo de la señora Rosas. La acompañaba a todas partes, sonriendo con dulzura y tratándola con un respeto exagerado.
Pronto, las alabanzas comenzaron a llover sobre Milena. Todos aplaudían lo devota y obediente que era con su suegra.
Al escuchar los halagos, Milena infló el pecho de orgullo.
*Podrá ser que Elena tenga más éxito que yo en su carrera, pero mi matrimonio y mi familia son mil veces mejores*, pensó con arrogancia.
Para ella, el verdadero campo de batalla de una mujer era el matrimonio.
¿De qué le servía a Elena ser tan brillante en su profesión si su vida familiar era un absoluto desastre?
Elena, por el contrario, ignoraba por completo las miradas y los susurros de la gente.
Entregó su regalo a la anciana Belmonte y luego se llevó a Aurora a una zona de descanso para disfrutar de algunos postres.
Alejandro estaba inmerso en una conversación de negocios con varios ejecutivos importantes, por lo que madre e hija prefirieron no interrumpirlo.
Al poco tiempo, el pequeño Eladio se acercó con unos juguetes y comenzó a jugar con Aurora.
En otra parte del salón, Rosalía Valiente y Diego Romero también habían llegado al evento, acompañados de su hija, Bárbara Valiente.
Al ver que la niña tenía una expresión huraña, Rosalía suspiró.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....