Al ver que Aurora era considerablemente más pequeña que Brenda, la señora Peralta se quedó paralizada por un instante.
Sin embargo, rápidamente ajustó su postura; no iba a dejarse engañar por el tamaño de la niña, estaba claro que tenía las uñas afiladas.
Su hija era demasiado buena y dócil, por eso siempre terminaba perdiendo.
Al notar la actitud irracional de la señora Peralta, la expresión de Elena se volvió gélida.
Diana, que tenía muy pocas pulgas, dio un paso al frente para enfrentarse directamente a la mujer.
—Tu hija le saca una cabeza de ventaja a Aurora. ¿Quién está molestando a quién aquí? Si tuvieran tanta educación, ¿por qué su niña abusa de las más pequeñas?
—¡Todos son niños! —replicó la señora Peralta, negándose a ceder—. ¿Qué diferencia hacen uno o dos años? Con razón esa niña es tan agresiva, con una madre con un carácter tan explosivo como el tuyo, seguro lo aprendió en casa.
Brenda inmediatamente se cubrió un rasguño en el dorso de la mano y comenzó a llorar a gritos.
—¡Ella me arañó! ¡Es muy mala!
Elena las ignoró por completo y se dirigió a la maestra.
—¿Qué fue lo que pasó exactamente?
—Revisamos las cámaras de seguridad —explicó la maestra Dulce—. Fue Brenda quien intentó arrebatarle el juguete que Aurora tenía en las manos, y ahí empezó el problema.
Elena clavó una mirada fría como el hielo en la señora Peralta.
—Ya que fue Brenda quien cometió la falta primero, lo correcto es que se disculpe con mi hija.
Sintiéndose respaldada por su madre, Aurora irguió la espalda con valentía.
Ella sabía que su mamá nunca permitiría que sufriera una injusticia.
La señora Peralta, visiblemente molesta, miró a su hija.
—Tenemos muchísimos juguetes en casa, ¿por qué tenías que quitarle el suyo?
Brenda lloró aún más fuerte, negándose a aceptar la culpa.
La maestra Dulce y su compañera estaban a punto de llorar por la angustia.
Si el asunto llegaba al director, ellas serían las que terminarían castigadas y con descuentos en su salario.
El director, que tenía una excelente relación con Bernardo, al enterarse de que Brenda había tenido un problema con otra alumna, se puso de su lado inmediatamente.
—Este asunto no se le puede achacar a Brenda —le dijo a Elena con tono conciliador pero firme—. Los niños no entienden de estas cosas. Fue una negligencia de nuestras maestras. Les exigiré que presenten un reporte y reflexionen sobre su error.
Los ojos de la maestra Dulce y su compañera se llenaron de lágrimas.
Elena frunció el ceño.
Esa actitud de lavarse las manos y buscar chivos expiatorios para no lidiar con el verdadero problema hizo que su confianza en esa institución se desplomara por completo.
—El problema no son las maestras, y no voy a permitir que las responsabilice a ellas —declaró Elena con una firmeza inquebrantable—. Cuestiono seriamente la capacidad de gestión de este jardín de niños. En este momento retiro a mi hija de la institución. Exijo el reembolso de la matrícula.
El rostro del director palideció al instante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....