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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1118

Una sonrisa amarga y cargada de autodesprecio se dibujó en los labios de Rosalía.

Recordó todas las veces que había menospreciado a Elena en el pasado, y ahora la realidad le estaba dando una bofetada con guante blanco.

Mientras tanto, la señora Vargas estaba rodeada por su séquito de damas de sociedad.

Entre ellas, Inés Ibarra no pudo contener la curiosidad.

—Escuché que tu nuera te trata muy mal. ¿Es cierto?

La señora Vargas, que en el último mes había descubierto lo conveniente que era hacerse la víctima, no dudó en soltar su discurso habitual.

—Tampoco es que me trate mal... simplemente me trata como si fuera invisible. Quise ayudarla a cuidar a las niñas y me rechazó de frente. Dijo que yo no sabía cuidarlas y que no confiaba en mí. Hace unos días intenté ir a buscar a mi nieta al kínder, y la niña me hizo un escándalo diciendo que no se quería ir conmigo. Esa actitud... me dejó clarísimo que no quiere reconocerme como su abuela.

Al escuchar esto, Inés Ibarra sintió que se le subía la sangre a la cabeza.

—¡Qué mujer tan insensible y maleducada! No te preocupes, nosotras te vamos a ayudar a ponerla en su lugar. Estamos en la fiesta de la familia Belmonte, dudo mucho que aquí se atreva a hacer sus desplantes.

Sin pensarlo más, el grupo de mujeres marchó en bloque, con aire justiciero, directo hacia donde estaba Elena.

Justo unos instantes antes, Alejandro había estado acompañando a Elena y a Aurora mientras comían, pero al notar que la niña se había ensuciado las manos, se la llevó para lavárselas.

Así que Elena se encontraba sola en su asiento.

Al ver a la señora Vargas acercarse al mando de un pelotón de mujeres con caras largas, Elena levantó una ceja, intrigada.

La señora Vargas no tuvo que decir ni una palabra; Inés Ibarra tomó la iniciativa.

Inés provenía de una familia adinerada que la había consentido al extremo en su juventud. Al casarse con un hombre de su mismo estatus social, se había acostumbrado a que su palabra fuera ley, por lo que su carácter chocaba y, a la vez, encajaba perfectamente con el de la señora Vargas.

—Elena Navarro —escupió Inés con tono autoritario—, espero que te disculpes con tu suegra ahora mismo y que de ahora en adelante aprendas a tratarla con el respeto que merece.

Elena la miró, genuinamente desconcertada.

No entendía por qué, sin haber hecho absolutamente nada, de repente le exigían que se disculpara con la señora Vargas.

De hecho, si alguien debía pedir disculpas, era la señora Vargas.

Antes de casarse con Alejandro, esa mujer le había hecho la vida imposible. Incluso cuando Elena estaba embarazada de Aurora, la señora Vargas había provocado tantos escándalos que Elena casi pierde a la bebé.

Capítulo 1118 1

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