La señora Vargas se sintió bastante avergonzada y, de inmediato, le pidió a una de las empleadas que fuera a buscar yogures de fresa y cereza a la cocina.
Mientras tanto, Damián intentó hablar de negocios con Alejandro.
Sin embargo, no lograba seguirle el ritmo a las agudas estrategias de su hijo. Para colmo, Alejandro no tenía ningún reparo en ser directo y desarmar los argumentos de su padre sin la menor piedad. Viéndose arrinconado y expuesto, Damián decidió que era mejor cambiar de tema.
Tomó un sorbo de café, miró hacia la ventana y suspiró.
—Qué bonito clima hace hoy.
Alejandro solo sonrió y le dio un sorbo a su propia taza.
Durante el almuerzo, la señora Vargas se desvivió por servirles a sus nietas sus platillos favoritos.
Alejandro no pudo evitar recordar cómo, en el pasado, su madre jamás fue capaz de recordar qué cosas le gustaban a él.
Era increíble verla ahora tan atenta, memorizando los gustos y caprichos de las niñas.
Terminando de comer, la señora Vargas miró a Elena con cierta duda antes de atreverse a hablar.
—Mañana todavía es feriado... Elena, ¿te molestaría si llevo a las niñas a un parque de diversiones?
Elena la miró fijamente.
—¿Piensas ir sola con ellas o alguien más las va a acompañar?
Sabiendo perfectamente cuánto le desagradaban a Elena los demás parientes, la señora Vargas se apresuró a aclarar:
—Solo iríamos Damián y yo con las niñas, nadie más.
Elena asintió despacio.
—Por mí está bien, pero pregúntales a ellas si quieren ir.
No quería ser la villana del cuento. Si la señora Vargas estaba dispuesta a portarse bien y dejar atrás las manipulaciones, Elena no tenía problema en mantener la paz familiar.
La pequeña Aurora y Amira aceptaron entusiasmadas, lo que hizo que el rostro de la señora Vargas se iluminara de felicidad.
Alejandro intervino con tono serio.
—Enviaré a un par de mis escoltas para que vayan con ustedes.
La señora Vargas frunció el ceño, sintiéndose ofendida.
—Yo tengo a mis propios guardias de seguridad, no necesito a los tuyos.
Alejandro no cedió ni un milímetro.
—Conociéndote, me preocupa que en un impulso decidas llevarlas a ver a alguien que no deberían ver. Con mi gente ahí, me quedo mucho más tranquilo.
La señora Vargas pensó que su hijo tenía el don de sacarla de quicio con unas cuantas palabras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....