—Ya me di por vencida —suspiró la señora Vargas con pesadez—. Sé que no puedo esperar ningún respeto ni consideración de Alejandro o de Elena. Así que de ahora en adelante, voy a concentrar todas mis energías en Sofía. ¿Sabes? Ya no me importa que mi hija encuentre a un yerno poderoso o de gran renombre. Solo pido que su familia tenga un nivel económico similar al nuestro, que adore a Sofía y, sobre todo... que sepa escucharme y hacer lo que le digo.
Bárbara Solano sonrió con complicidad.
—Bueno, eso no suena tan difícil. Sofía es tan hermosa que seguramente le sobrarán pretendientes. Pero... ¿de verdad no te importa que tu yerno no sea alguien excepcional?
Los requisitos para buscar una nuera y buscar un yerno solían ser polos opuestos.
Para una nuera, se buscaba sumisión y obediencia.
Para un yerno, se buscaba talento, ambición y éxito.
Esa era la mentalidad de casi todas las madres en su círculo social.
—Mira —explicó la señora Vargas—, ya me tocó una nuera excepcional y me tiene al borde de un infarto. Ni loca busco a un yerno que sea igual de difícil de controlar. Además, no soportaría la idea de que Sofía se vaya lejos de mí. Quiero que, incluso casada, pase mucho tiempo en esta casa. Si la caso con un hombre demasiado poderoso u ocupado, eso será imposible.
Bárbara entendió perfectamente la jugada.
Más que la felicidad de su hija, lo que la señora Vargas buscaba era asegurarse de que Sofía no se alejara de su influencia y siguiera siendo dócil a sus mandatos.
Y, honestamente, Bárbara no la culpaba.
—Si tus exigencias para el yerno no son tan altas, encontrarlo será pan comido —afirmó Bárbara, dándole palmaditas en la mano—. No te preocupes, yo misma te ayudaré a buscar al candidato perfecto.
La señora Vargas se frotó las sienes, aliviada.
—Sí, por favor, ayúdame con eso.
Sin embargo, el coraje volvió a invadirla al recordar que, desde que había vuelto al país, Sofía se había negado a mudarse a la villa Vargas y había preferido vivir con Alejandro y Elena.
Tenía que encontrar la manera de obligarla a volver a casa. ¡No iba a permitir que Elena terminara corrompiéndola!
...
Mientras tanto, Sofía Vargas recibió otra llamada de su madre.
El discurso fue el mismo de siempre: exigencias y reproches para que regresara a vivir a la mansión.
Sofía no tenía la menor intención de hacerlo, así que inventó una excusa rápida y cortó la llamada.
Dejó el teléfono a un lado y volvió a concentrarse en su tesis.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....