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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 869

Elena había estado ocupada toda la mañana y se sentía un poco mareada.

Como siempre sufría de hipoglucemia, solía llevar caramelos en su bolso.

Pero no se dio cuenta de que se le habían terminado.

Se frotó las sienes, esperando a que pasara la sensación de vértigo.

En ese momento, Renato llamó a la puerta y entró en su oficina. Al notar su palidez, preguntó con preocupación:

—Elena, ¿te sientes bien?

—No es nada, solo una bajada de azúcar —respondió ella con voz cansada—. Se me pasará en un rato.

Renato dejó unos documentos sobre el escritorio y salió de la oficina. Regresó al poco tiempo con un paquete de caramelos y un vaso de jugo, colocándolos frente a ella.

Elena le dio las gracias, desenvolvió un caramelo y se lo llevó a la boca.

Minutos después, al ver que el color regresaba a su rostro, Renato sugirió:

—Si te sientes mal, deberíamos cancelar la reunión de las dos de la tarde. Aprovecha la hora de almuerzo para dormir un poco.

El mareo de Elena ya había disminuido considerablemente.

—No hace falta, tendremos la reunión como estaba planeada.

Renato, conociendo su dedicación y terquedad con el trabajo, decidió no insistir.

—Faltan diez minutos para el mediodía —añadió—. ¿Comemos juntos? Tengo algunos detalles del proyecto que me gustaría discutir contigo.

—No es necesario —declinó Elena amablemente—. Alguien me traerá el almuerzo en un rato.

—De acuerdo. Entonces revisa estos documentos y hablamos de los detalles en la tarde —dijo Renato resignado, antes de salir de la oficina.

A las doce y diez, Bianca llegó a la oficina.

Habían contratado a una maestra de estimulación temprana muy profesional para la casa. A la pequeña Aurora le encantaban las clases divertidas y, últimamente, les prestaba más atención a las lecciones que a los adultos de la familia.

Aprovechando ese tiempo libre, Bianca había decidido llevarle el almuerzo a su hija.

—Elena, ¿quieres más jugo?

Bianca lo miró con curiosidad. La experiencia le bastó para notar el interés en los ojos del muchacho. Sin embargo, Elena llevaba su anillo de matrimonio en el dedo; él debía saber perfectamente que no estaba soltera. ¿Por qué se atrevía a cortejarla tan descaradamente?

A Bianca no le agradaba en absoluto la gente que intentaba meterse en relaciones ajenas. Sin importar quién fuera, no toleraría esa falta de respeto. Lo miró fijamente y respondió con frialdad:

—Gracias, pero acabo de traerle jugo natural recién hecho. Puedes guardarte el tuyo.

Renato dedujo al instante que aquella mujer era la madre de Elena. Su propia prima, Viviana, había sido la amante del esposo de esta señora. Al pensar que sus estudios universitarios habían sido financiados con el dinero que Viviana había obtenido destruyendo la felicidad de aquella mujer, sintió que la vergüenza lo carcomía por dentro.

Le dio un breve asentimiento a Bianca y salió rápidamente de la oficina.

Cuando la puerta se cerró, Bianca se dirigió a su hija.

—Ese muchacho no tiene buenas intenciones contigo. Ten cuidado, no dejes que te tienda una trampa para extorsionarte.

En los círculos de la alta sociedad, no solo existían mujeres hermosas dispuestas a destruir matrimonios por dinero; también abundaban hombres exitosos que se dedicaban a cazar mujeres adineradas para asegurar su futuro.

—Su desempeño laboral es muy bueno —sonrió Elena—. Aunque a veces es un poco confianzudo, tendré cuidado.

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