Después de que Bianca se fue, Elena descansó un rato.
A la una y cincuenta y cinco de la tarde, se levantó, salió de su oficina y se dirigió a la sala de reuniones.
Renato entró sosteniendo un vaso de agua y lo dejó frente a ella.
—Para que tomes algo si te da sed luego —le dijo con una sonrisa cálida.
Diana notó de inmediato la exagerada atención que Renato le estaba prestando a Elena.
En los últimos días, este tipo había inventado cualquier excusa para visitar la oficina de Elena, llevándole comida, bebida y preguntándole cómo se sentía. Ocultar sus verdaderas intenciones era prácticamente imposible.
Aunque en el pasado a Diana no le agradaba Elena, las cosas habían cambiado. Ahora deseaba de todo corazón que ella y Alejandro fueran muy felices. Las intenciones de Renato al intentar meterse entre ellos eran evidentes y maliciosas.
Al ver que Renato intentaba sentarse en la silla más cercana a Elena, Diana se apresuró a ocupar el lugar, sonriéndole de oreja a oreja.
—Renato, como me toca tomar las actas de la reunión, desde aquí escucho mucho mejor. No te molesta, ¿verdad?
Renato esbozó una sonrisa cortés.
—Adelante, siéntate. Yo buscaré otro lugar.
Al terminar la reunión, Elena comenzó a guardar sus documentos y expedientes.
Renato se acercó para ayudarla, pero Diana volvió a adelantarse.
—Como asistente, tengo que desquitar mi sueldo. No me quites el trabajo, Renato.
Él sonrió con resignación y no tuvo más remedio que abandonar la sala.
Cuando se quedaron solas, Diana bajó la voz y se dirigió a Elena.
—Ese tipo cree que con regalitos y atenciones te va a conquistar. ¡Está alucinando! No le llega ni a los talones a Alejandro.
Elena sonrió sin decir una palabra.
Antes de la hora de salida, Renato entró con un nuevo informe para dárselo en persona.
Elena lo escuchó pacientemente y, cuando terminó, habló:
Tras enterarse de las intenciones de Renato, le contestó el mensaje: Manda a investigar a fondo a ese Renato.
Sí, director Vargas.
Al mediodía del día siguiente, Renato acababa de almorzar y se disponía a regresar a la oficina cuando un hombre le cerró el paso.
—Señor Belmonte, mi nombre es Ciro —dijo el extraño en tono cortés—. Nuestro director Vargas desea hablar con usted. No le tomará mucho tiempo.
Renato apretó los puños, debatiéndose internamente, pero al final accedió a subir al auto.
El vehículo avanzó a toda velocidad hasta llegar al imponente rascacielos del Grupo Vargas.
Ciro lo guio hasta el ascensor privado y subieron al último piso.
Alejandro acababa de salir de una junta y estaba firmando unos documentos. Para poder dedicarle tiempo a su familia, comprimía toda su agenda durante el día, trabajando a un ritmo frenético.
Solo disponía de cinco breves minutos para hablar con Renato. Además, el sujeto no merecía que desperdiciara más de su valioso tiempo.
Cuando Renato entró, vio a Alejandro sentado en su amplia oficina. El aura de poder absoluto que emanaba le provocó un escalofrío en la espalda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....