A las cinco de la mañana, el equipo de maquillaje y estilismo llegó a la villa.
Elena se levantó, se lavó el rostro y se dispuso a comenzar con la preparación.
Alejandro, por su parte, se puso su impecable traje y se dirigió a los jardines delanteros para supervisar los últimos detalles y estar listo para recibir a los primeros invitados.
Elena había elegido a Diana Carmona como su dama de honor principal; las demás eran actrices contratadas para la ocasión, de modo que todo luciera estéticamente perfecto.
Diana llegó media hora después, rebosante de energía.
El maquillaje de las damas era mucho más sencillo, así que en poco tiempo estuvo lista, peinada y fue a hacerle compañía a la novia.
El estilismo de Elena, en cambio, era una obra de arte que requería tres largas horas de precisión.
Al notar que Elena cerraba los ojos por el agotamiento, Diana le preguntó:
—¿Quieres un poquito de agua?
—No, gracias —susurró Elena—. No quiero tomar mucho líquido hoy.
Había revisado el cronograma del evento y sabía que no habría tiempo ni para respirar.
En comparación con esto, su primera boda había sido como un juego de niños.
Cuando terminaron de maquillarla, se puso el despampanante vestido de novia y los tacones altos, y salió al jardín junto con Diana y las demás damas para la sesión de fotos.
El equipo de fotografía contratado por el Grupo Vargas era de primer nivel. Estaban documentando cada momento con la precisión de quien graba una película de Hollywood.
Alejandro apareció de pronto con una bandeja de comida en las manos. Al ver a Elena de pie sobre esos tacones de aguja en medio del césped, temió que se desmayara.
—Ya tienen suficientes fotos —ordenó a los fotógrafos, acercándose a ella—. Tienes que comer algo antes de que empiece la locura.
Diana no pudo evitar soltar una risita.
—Miren cómo el señor Alejandro consiente a su esposa.
El personal trajo una mesa y todos se acercaron a comer algo rápido.
Alejandro había pedido que le prepararan a Elena un buen desayuno con huevos revueltos, panecillos, fruta fresca y un café humeante.
Como estaba muerta de hambre, Elena no dejó ni las migas.
Alejandro le ofreció una botella de agua fresca.
—¿Un traguito?
—No, estoy llena —dijo ella, negando con la cabeza.
—En un rato tenemos que ir al salón principal a dar los saludos formales a los mayores de la familia —le indicó Alejandro—. En cuanto terminemos, si te sientes cansada, te regresas a la habitación a dormir un rato. Yo me encargo de lidiar con los parientes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....