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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1151

—¿Tienes hambre? —le preguntó Alejandro a Elena, con voz suave.

—Un poco —respondió ella.

Alejandro se sentó a su lado, dispuesto a acompañarla a almorzar.

Diana, sorprendida, no pudo evitar preguntar:

—Señor Alejandro, ¿no debería estar en el patio principal almorzando con el resto de la familia?

Él ni siquiera levantó la vista de su plato.

—¿Y para qué? ¿Acaso esa gente es más importante que mi esposa?

Diana soltó una carcajada y le levantó el pulgar en señal de aprobación.

—Mis respetos. Eso sí es tener prioridades.

Elena, al darse cuenta de que no había visto a su propia familia en toda la mañana, preguntó con cierta preocupación:

—Oye, ¿y mi abuela? ¿Mi tía Carmen y Ariadna?

—Están almorzando en la mesa principal con mi abuela —la tranquilizó Alejandro—. Mientras la matriarca esté con ellas, te aseguro que nadie se atreverá a mirarlas mal.

Elena asintió, sintiendo un gran alivio. La anciana Vargas era la única en esa casa que siempre la había tratado con verdadero cariño y respeto. Si ella estaba a cargo, su familia recibiría un trato de reyes.

A las cuatro y media de la tarde, los violines anunciaron el inicio de la ceremonia.

Dante Valverde, asumiendo con orgullo el rol de figura paterna, ofreció su brazo a Elena y juntos cruzaron las enormes puertas del salón de banquetes.

El lugar estaba lleno a reventar. Muchos de los invitados, movidos por el morbo de la alta sociedad, estiraban el cuello para ver el espectáculo.

¿El que la entregaba en el altar no era Hugo Valiente, sino Dante Valverde?

Para colmo, no había ni un solo representante de la familia Valiente en todo el evento. Quedaba más que claro que Elena había cortado todos los lazos con la sangre de su padre biológico.

La boda estaba repleta de periodistas de las revistas más prestigiosas del país.

Las fotos y videos comenzaron a circular en las redes sociales en tiempo real.

Desde su casa, la anciana Valiente veía la transmisión con el rostro desencajado por el coraje.

¡Era solo una reafirmación de votos! ¿Qué necesidad había de derrochar tantos millones en un evento tan exagerado?

Y lo que más le hervía la sangre: que Elena pusiera a un extraño como Dante Valverde en el lugar que le correspondía a un Valiente.

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