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IMPERDONABLE romance Capítulo 93

TOMO 2. CAPÍTULO 93. Un borrón en la memoria

Logan

La mañana de mi boda comienza como cualquier otro día, pero con un peso en el pecho que no logro sacudirme. Me miro al espejo mientras me ajusto el cuello de la camisa blanca, observando mi reflejo con una mezcla de hastío y resignación. Mi traje está impecable, cortesía de algún diseñador que Carolina insistió en contratar, pero a mí me da igual. Podría estar vestido con un saco de papas y sentirme exactamente igual: vacío.

Gemma entra al cuarto y se detiene en seco al verme.

—¿Estás bien? —pregunta, aunque su tono es más de advertencia que de preocupación.

—Estoy bien —respondo sin mirarla, mientras me ajusto el reloj de pulsera.

—No lo pareces.

—No es tu problema.

Ella suspira con fuerza y me lanza una mirada cargada de reproche, pero no dice nada más. En su lugar, camina hacia mí y ajusta mi corbata.

—Logan, estás tomando la decisión correcta, te lo aseguro.

La miro por fin. Su expresión es seria, un poco nerviosa y ni siquiera la entiendo.

—Ya tomé mi decisión —digo cortante, apartándola de mí—. No tienes que convencerme.

Gemma sale del cuarto con un portazo, y me quedo solo de nuevo. Por un momento, me permito cerrar los ojos y respirar profundamente, tratando de calmar el nudo en mi pecho. Pero no funciona.

Cuando llego bajo la carpa blanca donde se llevará a cabo la ceremonia, todo está perfectamente decorado, como salido de una revista de bodas. Flores blancas, luces cálidas en medio de la tarde. Es justo lo que Carolina soñó, y justo lo que a mí me importa un carajo.

Vincent y Christian están junto a mí, vestidos también de gala, pero sus expresiones son casi idénticas a la mía: apagadas, indiferentes. Mi padre, sentado en primera fila, no parece emocionado tampoco. Sé que todos piensan lo mismo, aunque nadie lo dice: SOLO ESTOY HACIENDO ESTO PARA SACARME A LILIANA DE LA CABEZA.

Carolina hace su entrada, radiante con su vestido de encaje, y la multitud se pone de pie. Hay un murmullo de admiración que apenas noto. Sé que está hermosa, sé que todo el mundo la está mirando como si fuera una reina, pero yo no siento absolutamente nada.

La ceremonia avanza como un borrón. El juez dice sus palabras, y yo asiento en los momentos correctos, aunque no estoy realmente presente. Mi mente está en otro lugar, atrapada en un recuerdo que no quiero tener: Liliana.

La forma en que sus ojos brillaban cuando me miraba.

Su risa, que siempre llenaba cualquier espacio, no importa cuán oscuro o solitario fuera.

Cuando el juez me llama para que diga que sí, siento un dolor punzante en el pecho. Es como si alguien me clavara un cuchillo justo entre las costillas. Por un momento, dudo. Levanto la mirada y escaneo el jardín alrededor. No sé qué es este puto presentimiento, como si pudiera encontrarla entre los invitados. Es absurdo, lo sé, pero la sensación de que sus ojos están en mí, juzgándome, es tan fuerte que casi me hace salir corriendo.

Pero no está aquí. Por supuesto que no. No puede estarlo…

—¿Señor St. Jhon? —dice el juez, mirándome con impaciencia.

TOMO 2. CAPÍTULO 93. Un borrón en la memoria 1

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