TOMO 3. CAPITULO 160. Un médico altruista y desinteresado
Logan
Le ofrezco mi mano a Liliana mientras descendemos de la camioneta, y no necesito fingir nada, no necesito aparentar nada. La furia que siento al saber que voy a ver a uno de los infelices que ha estado haciendo trizas mi vida desde hace más de un año es muy real, tan natural como el aire que respiro, aunque en los últimos tiempos el remordimiento y la culpa hayan reemplazado mi expresión habitual por algo menos amenazante.
Esta noche es diferente. Me siento como el hombre que solía ser, el que todos temían, y al parecer Lili lo sabe porque no suelta mi mano mientras avanzo hacia el salón de eventos.
Rodeo su cintura con un gesto protector, marcando mi lugar a su lado. La alfombra roja ahoga nuestros pasos, las cámaras y flashes nos apuntan, y puedo notar cómo todos se giran para mirarla. Ella es la imagen de la elegancia y la determinación, y yo no soy más que su sombra, el hombre dispuesto a eliminar a quien sea necesario para protegerla.
La primera persona en recibirnos dentro es el Gobernador, que nos saluda de inmediato con una sonrisa un tanto nerviosa. Su apretón de manos es firme pero rápido, como si supiera que nuestra presencia aquí está cargada de dinamita.
—Señora Valencia, no tengo forma de expresar mi agradecimiento porque haya retirado la demanda contra el ayuntamiento de la ciudad —le dice y Liliana lo mira con una amable condescendencia.
—Intento ser justa, señor Gobernador, que solo paguen quienes lo merece, ¿no es cierto?
El hombre devuelve una sonrisa neutral antes de abrirnos camino, y yo avanzo con Liliana hacia el fondo del salón, donde está el homenajeado de la noche: Ryker.
El maldito tiene una sonrisa de oreja a oreja que está a punto de desaparecer muy pronto, lo sé.
Siento a Liliana tensarse a mi lado apenas lo veamos. Lo noto en el ligero temblor de su mano contra mi brazo y en la forma en que su postura se endereza, como si se preparara para un combate. Pero nada, absolutamente nada, se compara con la expresión de Ryker cuando finalmente nos ve.
El tipo se pone rojo como un tomate, y luego pálido como un cadáver. Sus ojos pasan de Liliana a mí con una mezcla de incredulidad y rabia, como si no pudiera procesar lo que está ocurriendo. Y mi Fresita tuvo razón en esto: no esperaba ni por asomo vernos, mucho menos vernos juntos. Por un momento, creo que va a colapsar ahí mismo, pero me adelanto antes de que pueda reaccionar.
—¡Felicidades por su reconocimiento! —le digo con una sonrisa que no alcanza mis ojos, extendiendo la mano para estrechársela frente a todos los que están mirando.
No tiene opción. Con la mandíbula apretada, Ryker estrecha mi mano y juro que mi agarre sea lo suficientemente firme como para triturarle los putos huesos.
Lo veo hacer un gesto de dolor que trata de disimular a toda costa, pero Liliana aprovecha la incomodidad del momento y tira de la chaqueta de Ryker con una delicadeza que solo ella puede lograr. Le da dos besos, uno en cada mejilla, como si fueran viejos conocidos.
—Se ve… espléndido, doctor Ryker —le dice en voz baja, con una sonrisa en los labios, y luego se inclina para susurrarle algo al oído.


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