TOMO 3. CAPÍTULO 161. La bestia detrás del hombre
Liliana
El aire en el balcón es frío, casi cortante, pero nada se compara con la expresión que cruza el rostro de Ryker al darse cuenta de que todo lo que perdió fue porque yo se lo quité. Es como si cada palabra que pronuncié fuera un golpe directo a su ego, a ese control que siempre creyó tener sobre mí y sobre todos los demás. Por un instante, lo veo tambalearse entre el enfado y la incredulidad, pero no tarda mucho en recuperar su postura.
Su primer instinto, como siempre, es intentar intimidarme. Avanza hacia mí con pasos firmes, con los ojos llenos de ira contenida mientras yo lo azuzo todavía más.
—Lo único que lamento es no haber estado ahí para ver tu cara frente a esa pared destartalada cuando te diste cuenta de que te había robado.
—¡¿Cómo te atreves…?! —gruñe, y puedo sentir el veneno en cada palabra—. ¡¿Después de todo todavía crees que puedes jugar conmigo?!
No me muevo. Mi corazón late con fuerza, pero no estoy dispuesta a retroceder. He llegado demasiado lejos para detenerme ahora. Sin embargo, antes de que Ryker pueda llegar a mí sus pies se separan de suelo.
No puedo evitar que se me escape un jadeo sobresaltado cuando veo que una de esas manos enormes de Logan lo levanta por el cuello de la camisa. El sonido de la tela al tensarse es lo único que rompe el silencio del balcón.
—Te atreves a amenazarla de nuevo y no te quedará nada para perder, Ryker —gruñe Logan, con un gruñido bajo y peligroso.
Ryker intenta soltarse, pero la bestia no cede. Es como si toda esa furia contenida que lleva arrastrando durante años estuviera concentrada en este momento, en ese agarre.
—¿De verdad te dejaste engañar por ella otra vez? —escupe Ryker, con la voz rasposa por la presión en su garganta.
La mirada de Logan se endurece, y por un momento, parece que lo va a golpear; pero en lugar de eso, suelta una risa corta, oscura.
—¿Engañarme? —repite, inclinándose ligeramente hacia él—. ¿Y qué esperabas si tú mismo me pusiste en esta posición? Un hombre haría cualquier cosa por la madre de sus hijos ¿no es así?
El comentario de Logan me toma por sorpresa. Noto cómo Ryker se tensa, y sus ojos oscilan entre nosotros.
—No sabes lo que di…
—¡Ah, no! ¡Si es que saberlo, sí que lo sé muy bien! ¿No fue para eso que inseminaste a Liliana con mis bebés, doctor? ¿Para que pudiera controlarme? —agrega Logan, con un tono que parece una mezcla de burla y amenaza—. Alguien debió decirte que tuvieras cuidado con lo que deseas, porque ya les hice la prueba de paternidad y resulta que sí son míos.

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