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IMPERDONABLE romance Capítulo 90

TOMO 2. CAPÍTULO 90. Cuando nada más importa

Logan

Los meses pasan como un borrón, una mezcla de trabajo interminable y un vacío que no sé cómo llenar. Los días empiezan y terminan de la misma manera: reuniones con abogados, llamadas con el equipo legal, visitas del comisionado LaRosa asegurándome que todo está en orden con mis hospitales. Al menos, en lo que respecta al escándalo de tráfico de órganos, parece que las cosas empiezan a aclararse.

Sin embargo, mi paranoia no ha disminuido. Ahora tengo un equipo de seguridad conmigo las veinticuatro horas del día. Ya no permito que nadie más que yo prepare a Berserker. Ni siquiera confío en el personal del establo, así que la mayoría de las veces ni siquiera le pongo silla.

Me siento asfixiado, siempre al límite, como si en cualquier momento el suelo bajo mis pies pudiera ceder.

No sé cómo pasa o por qué no me importa, pero de repente me doy cuenta de que estoy en una especie de relación con Carolina. Es extraño, porque nunca lo hablamos, nunca lo definimos, pero ella siempre está ahí. Es como si hubiera tomado la decisión por los dos, y yo simplemente la dejé hacerlo.

Me cuida, está pendiente de mí. Si me ve estresado, sugiere que salgamos a cenar o que nos demos una escapada rápida a algún lugar, pero la verdad es que no siento que nada de eso me alivie. Todo me parece una distracción, algo temporal.

Un día, mientras estoy revisando papeles en mi oficina, Carolina entra sin tocar, como ya es costumbre. Lleva un vestido azul que la hace lucir impecable, casi como si estuviera lista para caminar por una alfombra roja. Se sienta en el sillón frente a mi escritorio, cruza las piernas y me mira con esa expresión que siempre lleva cuando está planeando algo.

—Logan, ¿no crees que ya es hora de un cambio? —dice, inclinándose un poco hacia mí, y yo levanto la vista de los documentos, desconcertado.

—¿Un cambio? ¿A qué te refieres?

—Un cambio drástico. Algo que te haga dejar atrás todo este caos. —Hace un gesto con la mano, como si pudiera borrar el pasado con un simple movimiento.

—¿Y qué sugieres? —pregunto, aunque ya puedo intuir hacia dónde va.

Ella se endereza y me mira directamente a los ojos.

—¿Por qué no nos casamos de una vez?

La pregunta se queda flotando en el aire como un ladrillo cayendo lentamente hacia mí. No sé qué decir al principio, así que solo me recargo en mi silla y suspiro.

—Carolina, no puedo casarme ahora.

—¿Por qué no? —pregunta con voz dulce, pero puedo ver la tensión en su boca.

—Por los términos del divorcio con Liliana —digo y su expresión cambia de inmediato, mirándome como si no entendiera de qué estoy hablando.

—¿Qué tiene que ver Liliana? Ya no estás con ella.

Me froto las sienes, sintiendo el peso de toda esta situación, y decido que no debo mentirle.

—En los papeles del divorcio acepté hacerme una prueba de paternidad con los gemelos cuando nazcan —le digo sin rodeos porque a pesar de todo, cómo se sienta ella me tiene sin cuidado—. Si son míos, los criaré.

Carolina parpadea y por un momento creo que va a explotar. Puedo ver la consternación en sus gestos, está impactada, juraría que furiosa, espero sus gritos pero en lugar de eso, toma aire profundamente y se recuesta en el sillón, mirándome fijamente.

—¿Quieres decir que podrías… que vas a averiguar si los hijos de Liliana son tuyos?

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