TOMO 2. CAPITULO 60. Una familia complicada
Logan
La tarde está en calma, pero en cuanto veo los autos acercarse por el camino, esa calma se evapora como si nunca hubiera existido. Reconozco el primer auto al instante: mi padre al volante, mi hermano Christian al lado y Gemma, mi hermana, sentada detrás. Ni siquiera han terminado de estacionar cuando otro vehículo aparece detrás: Vincent.
Aprieto los dientes. Conozco lo suficiente a Vincent para saber que si está aquí no es porque quiera. Mi padre debe haberlo arrastrado. Los conozco demasiado bien a los dos. Anthony, que aparece por otra puerta a unos metros de mí, prácticamente brinca al verlos llegar.
—¡La familia está reunida otra vez! —grita como si estuviéramos en un maldito comercial de Navidad. Corre hacia ellos como un niño emocionado, abrazando a mi padre primero, luego a Christian y a Vincent. Y a Gemma la pasa por alto porque ya es del conocimiento de todos en la casa lo que pasó en el hospital y nadie ahora es fan de mi hermana.
Los autos se apagan y siento que el aire se pone pesado. Vincent se baja del segundo auto, su rostro está tenso, con los labios apretados. Nos mira a la distancia y sé que está a dos segundos de decirme algo que probablemente termine en un par de puñetazos, porque ahora que estoy en pie ninguno tiene por qué contenerse.
Pero no llega a nada, porque Liliana se adelanta antes de que Vincent pueda abrir la boca. Camina hacia él con decisión y levanta uno de esos deditos sucios de tierra frente a su nariz.
—Vincent, ven conmigo, por favor. —Y el “por favor” es pura educación, porque no es una petición, es una orden.
Él parpadea, desconcertado por un momento, pero ella no le da opción. Lo toma del brazo y prácticamente se lo lleva hacia la casa, directo a la cocina. Me había dicho que se disculparía con él en mi lugar, pero nunca le creí realmente. Apenas tengo tiempo de procesarlo o de detenerla antes de que mi padre llegue hasta mí.
—¡Hijo! —Su voz está cargada de preocupación mientras me abraza con fuerza, palmeando mi espalda como si quisiera asegurarse de que estoy realmente aquí.
Mi padre no es un hombre que se disculpe fácilmente, pero sus ojos dicen todo lo que su boca no. Christian está justo detrás de él, nervioso, como si no supiera si debería acercarse o no. Finalmente lo hace, dándome un apretón en el hombro.
—Lo sentimos mucho, Logan. —Suspira y sé que está siendo sincero—. Estábamos escalando y no había cobertura. Nos enteramos demasiado tarde de lo que te había pasado.
Levanto una mano, deteniéndolos antes de que sigan. Ya estoy acostumbrado a que esos dos siempre están en un desierto, un iceberg, una montaña o algún lugar donde no los encuentren con facilidad. La crisis de los cincuenta le dio a mi padre por la aventura y por suerte tiene un hijo joven y atrevido que le secunda todas sus babosadas.
¡Amén por Christian, o de lo contrario tendríamos que ser Vincent o yo!
—Ya pasó. Estoy bien. —Aunque decir "estoy bien" sea un poco de mentira, no quiero que esto se convierta en una sesión de terapia familiar.
Gemma, sin embargo, está detrás, observándolo todo con una sonrisa ligera en los labios, como si nada de esto la afectara, como si su regreso fuera completamente natural y ese simple gesto me enciende.
—¡Vamos! —les dice Anthony, animado—. Entren todos. ¡Salmita de mi amor!, ¿hacemos chocolate o algo?
Salma le revuelve el cabello y le dice que por supuesto, pero mientras todos se encaminan hacia la puerta mi cuerpo se tensa. No, no todos.
—No. —Mi voz es firme y todo el mundo se detiene.
Mis ojos se clavan en Gemma y ella parpadea, desconcertada por un momento, pero sé que sabe exactamente lo que voy a decir.
—¿Perdón? —pregunta, tratando de sonar inocente.
—Tú no entras a mi casa —le espeto y el silencio que sigue es tan pesado que podría cortar el aire con un cuchillo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE