TOMO 2. CAPÍTULO 59. Problemas en la puerta
Liliana
Han pasado tres semanas desde que Logan empezó con su recuperación en serio, y su progreso es impresionante. Parece que a pesar de todo la lesión en su columna, gracias a Dios, no era tan grave como parecía al principio, y ahora casi puede caminar solo. De hecho, muchas veces me deja con el corazón en la boca porque insiste en moverse sin ayuda, y aunque al principio me ponía nerviosa verlo tropezar, ahora confío en que lo logrará.
Hoy, sin embargo, estoy preocupada por otra cosa. Vincent no responde a las llamadas de Salma. Lleva días intentándolo, y nada. Sé que él y Logan son dos mulas tercas, y que convencerlos no será nada fácil, pero tienen que entenderse porque estoy casi segura de que Vincent no está detrás de todo lo que pasó.
Mientras tanto, Anthony ha estado ayudando en la hacienda. Es un muchacho atento, trabajador, y aunque no parece muy acostumbrado a todo esto de cuidar caballos y manejar plantaciones, hace lo que puede. Logan le da instrucciones precisas y se nota que él pone lo mejor de su parte.
Esta mañana, mientras desayunábamos en la terraza, no puedo contener la curiosidad.
—Logan, ¿cuál es la historia de Anthony? —pregunto mientras revuelvo mi chocolate y Logan levanta una ceja, como si no esperara la pregunta.
—¿Qué quieres saber?
—No sé… Es un buen muchacho, pero parece… no sé, diferente. Como demasiado maduro para su edad, ¿qué edad tiene? ¿Veinte, veintiuno? Es raro ver a un muchacho de esa edad metido en una hacienda y no de fiesta por ahí.
Logan sonríe, como si recordara algo gracioso.
—¿Tú estás de fiesta por ahí? —me pregunta y le saco la lengua antes de que me conteste con un suspiro—. Anthony es hijo bastardo de mi tío por parte de mi padre.
Me atraganto con el café.
—¿Qué?
—No te sorprendas tanto. En esta familia nadie es santo. —Se encoge de hombros, como si fuera lo más normal del mundo.
—Me imagino que debió ser difícil para él —murmuro.
—Para nada. Mi familia lo aceptó desde el primer momento en que supimos de él. Incluso mi madre dejó un fideicomiso para él, igual que para Gemma, Vincent, Christian y para mí. Pero tienes razón, Anthony es… diferente.
—¿Diferente cómo?
Logan se inclina hacia atrás en la silla y se cruza de brazos.
—Es muy maduro, como dices, y ha sido muy austero con su fideicomiso. A diferencia de Gemma, que gasta como si no hubiera un mañana, Anthony apenas usa el dinero que tiene. Lo invierte todo, al principio yo lo ayudaba, pero hace un par de años abrió las alas y empezó a hacerlo por sí mismo. Ahora tiene un capital impresionante, pero sigue viviendo como si tuviera que ahorrar cada centavo.
—Vaya…
—Sí. Supongo que es la consecuencia de no nacer en cuna de oro, a mi hermanita querida le habría venido bien ese tipo de experiencia —rezonga Logan—. En fin, que Anthony es un buen chico, le tengo mucho cariño… aunque no se entienda muy bien con los caballos.
Logan sonríe y no sé por qué, pero eso me hace sentir algo de alivio. Anthony siempre parece estar dispuesto a ayudar, y con todo lo que ha pasado, tener a alguien así cerca es un respiro.
Más tarde, Logan me lleva a dar un paseo por las caballerizas. A pesar de todo, se ve enérgico, como si el simple hecho de estar en el campo le devolviera la vida.
—Quiero mostrarte algo. —Me toma de la mano y me guía hacia uno de los establos.
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