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IMPERDONABLE romance Capítulo 51

TOMO 2. CAPÍTULO 51. Sentimientos contenidos.

Logan

El caos se desata tan rápido que apenas me da tiempo de procesar lo que pasa. Veo a Gemma acercarse a Liliana con esa mirada de rabia descontrolada, y sé lo que va a hacer antes de que lo intente. Mi corazón se acelera, pero estoy atrapado en esta cama, inútil, sin poder levantarme.

—¡Gemma, ni se te ocurra tocarla! —le grito con toda la fuerza que me queda, aunque sé que mis palabras no le importan.

Pero antes de que pueda hacer algo, Gabriella se mueve como un rayo y se interpone entre Liliana y Gemma. Lo siguiente que escucho es un golpe seco, y luego otro… el tercero ya es por pura satisfacción, lo sé, pero Gemma suelta un grito de dolor y cae al suelo sosteniéndose la nariz después de tres puñetazos y la esposa de Ranger.

—¿¡Estás loca!? —chilla mi hermana con voz totalmente histérica—. ¡Esto no se va a quedar así!

Gabriella se cruza de brazos, tan tranquila como siempre, pero con una chispa peligrosa en los ojos.

—No, no se va a quedar así —responde con tono burlón—. A menos que te hagas una cirugía para arreglar ese tabique desviado… así que creo que como dice tu hermano… vas a tener que ponerte a trabajar. ¡Anda, hasta sirvo para incentivar a la gente!

No puedo evitar apretar los dientes y gruñir, aunque mi pecho todavía duele hasta cuando respiro. Gemma me lanza una mirada cargada de odio, como si yo tuviera la culpa de lo que acaba de pasar. Se pone de pie tambaleándose y se limpia la sangre que le gotea por los labios.

—¡Eres un imbécil, Logan! ¡Todo esto es por tu culpa!

—¿Por mi culpa? —le digo, intentando mantener la calma, aunque mi paciencia está al límite—. Gemma, la única culpable aquí eres tú, por meterte donde no te llaman.

—¡Esto no se acaba aquí! —grita, antes de girar sobre sus talones y largarse por el pasillo, tropezando con las enfermeras que intentan seguirla.

Gabriella suspira y me mira, levantando una ceja.

—¿Siempre ha sido tan insoportable o es algo reciente?

—Siempre —respondo, dejando caer la cabeza contra las almohadas.

Mis ojos van a la otra figura que veo desde la puerta. Liliana, que se ha quedado paralizada en el pasillo durante todo el altercado, y finalmente alguien empuja su camilla hacia mi cuarto. Mi corazón se detiene por un segundo al verla. Está pálida, con los ojos hinchados y el cabello alborotado, pero sigue siendo la mujer más hermosa que he visto.

Ella ni siquiera espera a que la camilla se detenga por completo. Apenas está lo suficientemente cerca, se levanta de un tirón, ignorando el suero que tiene conectado al brazo, y viene hacia mí.

—¡Lili, cuidado! —digo, alarmado, pero ella no me escucha.

Se inclina sobre mí, y sus manos temblorosas tocan mi rostro como si quisiera asegurarse de que estoy realmente aquí.

—Dime que estás bien —me suplica con voz quebrada—. Dime que la operación salió bien, por favor.

Mi pecho se aprieta al verla así, tan vulnerable, y no puedo evitarlo: mis ojos se humedecen y siento las lágrimas a punto de rodar por mi cara.

¡Joder, esta mujer me está ablandando!

—Estoy bien, mi Señora Fresita —respondo con voz ronca, apenas un susurro, pero ella me escucha.

La veo llorar de nuevo, sus lágrimas caen sobre mis manos mientras me aferro a ella como si fuera lo único que me mantiene vivo.

—Lo siento mucho, nena —le digo y sé que mi expresión está cargada de culpa—. Lo siento por todo lo que te hicieron pasar, por no protegerte como debí hacerlo…

Ella niega con la cabeza, como si no pudiera soportar escucharme disculparme.

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