TOMO 2. CAPÍTULO 52. El peso de la verdad
Liliana
Las palabras salen de mi boca antes de que pueda detenerlas, y apenas escucho mi propia voz, tan rota que ni siquiera me reconozco, entiendo que ya no puedo retractarme
—No soy tu esposa, Logan… no soy tu esposa… —Me llevo las manos a la cara tratando de ocultarla—. No soy tu esposa…
Lo digo una y otra vez, como si al repetirlo pudiera quitarme el peso de encima, pero en realidad solo hace que sienta más miedo, más culpa. Mi cuerpo empieza a temblar, y las lágrimas corren por mi rostro sin control. Logan me mira, primero con confusión, luego con una mezcla de incredulidad y rabia contenida.
—¿Qué estás diciendo, Liliana? —me pregunta, y su tono es bajo pero tenso.
Me abrazo a mí misma, incapaz de sostenerle la mirada.
—Que todo esto fue un engaño… —susurro entre sollozos—. Lo del matrimonio… no es cierto…
Veo que aprieta los labios en una mueca de impotencia.
—Legalmente eres mi esposa ¿no es así? —murmura y yo niego.
—Yo no sabía lo que estaba firmando, Señor Greñitas. Nunca lo supe.
Su rostro se endurece, y sé que está tratando de mantener la calma.
—¿Y exactamente cómo pasó eso? —pregunta finalmente, con los dientes apretados—. Explícame cómo alguien te hace firmar un acta de matrimonio sin que lo sepas.
Siento que el suelo se abre bajo mis pies. Trago saliva y respiro hondo, pero las palabras apenas logran salir.
—Lo metieron entre los documentos de autorización del trasplante de mi mamá —respondo con un nuevo sollozo—. Eran… eran como mil papeles y todos… todos me estaban apurando, se la estaban llevando al quirófano y yo… yo firmé todo lo que me pusieron delante. Logan, yo no sabía lo que estaba firmando, te lo juro…
La furia en su rostro es evidente, aunque trata de controlarla. Se pasa una mano por el cabello y cierra los ojos, como si intentara procesar lo que acabo de decir.
—¡Maldita sea! —gruñe—. ¡Lo sabía, si es que lo sabía! ¿Quién de mi familia fue el que hizo esto? Y no me digas que…
—No lo sé… —Miro hacia el suelo, incapaz de sostener su mirada.
—¡Liliana…!
—¡Te juro que no sé quién fue! Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando ya estaba en un cuarto de hospital contigo, y un médico de ahí fue quien me dio el anillo. Me dijo que era de tu madre, y que con él nadie cuestionaría que yo era tu esposa…


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