TOMO 2. CAPÍTULO 49. Una fresita rota.
Logan
Ver a Liliana en ese estado me destroza. Se ve tan… frágil, tan rota. No es la mujer testaruda que soportaba en mis peores momentos cuando yo le soltaba alguna de mis idioteces. ¡Y hay que reconocerlo: eran muchas! Ahora, está hecha un manojo de lágrimas y murmurando cosas que no tienen sentido.
—Liliana, ven aquí, por favor —le digo, tratando de que mi voz suene calmada, pero por dentro me estoy volviendo loco.
Ella niega con la cabeza, temblando como una hoja, y sigue murmurando:
—Estoy sucia… No puedo… No puedo abrazarte, Señor Greñitas... ¿Y… y si te enfermo…?
La desesperación me golpea como un tren. ¿Qué le hicieron? ¿Qué le pasó en esos dos días que estuvo fuera?
—¡Gabriella! —grito con toda la fuerza que me permite mi cuerpo, y ella aparece en la puerta en cuestión de segundos, como si hubiera estado esperando que la llamara—. ¡No sé qué tiene! ¡Ayúdala!
Me mata no poder moverme para hacerlo yo mismo, y juro que jamás en mi vida había sentido tanta impotencia.
Gabriella se acerca a Liliana y trata de hablarle con suavidad, poniéndose a su altura para no intimidarla.
—Liliana, tranquila, estás a salvo. Respira hondo, ¿sí? —le dice mientras intenta tomarle la mano.
Liliana la mira, pero es como si no la viera de verdad, como si todo en ella estuviera desenfocado y confuso. Sus manos se mueven sin sentido hasta que hace un gesto extraño, lleva una al estómago, y de repente… hace una arcada.
—¿Quieres vomitar? —pregunta Gabriella mientras intenta ayudarla, pero Liliana ya está corriendo hacia la papelera más cercana.
El sonido de su vómito me deja paralizado. No puedo hacer nada desde esta cama, y odio cada segundo de este día. Antes de que pueda procesarlo, Liliana se tambalea.
—¡Lili…! ¡Lili mírame…! ¡Lili! —le grito pero sus ojos apenas se enfocan en los míos antes de cerrarse, y la veo caer al suelo como una muñeca de trapo—. ¡Liliana! —grito, y trato de moverme, pero el dolor me recuerda que no puedo ni sentarme.
Gabriella se agacha junto a ella y empieza a revisarla, y aunque no hay pánico en su voz, la urgencia sí que no falta.
—¡Ranger! ¡Necesito ayuda aquí, ahora! —exclama y no pasan ni dos segundos antes de que Ranger entre a la habitación y levanta a Liliana como si no pesara nada.
—Llévala con Esteban, rápido —le ordeno, y él asiente, saliendo de la habitación con ella en brazos.
La puerta se cierra detrás de ellos, y yo me quedo ahí, atrapado en esta maldit@ cama, sintiéndome completamente inútil.
Los minutos que siguen son una tortura. No sé cuánto tiempo pasa, pero cada segundo se siente como una eternidad. Estoy mirando la puerta, esperando que alguien entre con noticias, cuando finalmente Gabriella regresa.
—¿Qué pasó? —le pregunto de inmediato, y mi voz más urgente de lo que imaginaba.
Ella se sienta en la silla junto a mi cama, suspirando antes de responder.
—El doctor Esteban la va a revisar en cuanto las enfermeras terminen de bañarla.
—¿Bañarla? —pregunto confundido.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE