TOMO 2.
SINOPSIS
Creí en ella, en sus ojos llenos de dulzura y en su risa que era capaz de iluminar hasta mis días más oscuros. Mi Señora Fresita me hizo sentir cosas que nadie más podía. Pero ahora, todo se siente como una mentira.
Las pruebas están ahí, aplastantes, gritando que Liliana no es quien yo pensaba. ¿Cómo pudo traicionarme de esta manera? Y lo peor es que las evidencias son imposibles de ignorar.
Ahora mi vida es distinta, a mi lado tengo a una mujer que sí me quiere, pero no importa cuánto lo intente, el vacío que dejó Liliana sigue consumiéndome. Cada mirada de Carolina me recuerda lo que perdí, y cada susurro en mi oído suena hueco en comparación con la risa de Liliana.
Pero ella tiene que enfrentar las consecuencias de sus actos, como todos, y por más que quisiera creerle… por más que lo intento, simplemente no puedo volver atrás.
CAPÍTULO 47. Cuando no importa nada más.
Logan
Estoy harto de estar postrado en esta m*****a cama, impotente. Cada minuto que pasa sin noticias de Liliana es una daga clavada en mi pecho. Ranger está junto a mi cama y eso es lo único que me da esperanzas.
—¿Tienes una foto? —me pregunta y me doy cuenta de que no.
—¡Maldición, jamás le he tomado ni una sola foto a Liliana! —gruño y comprendo que en lo más profundo de mi subconsciente ni siquiera he contemplado la idea de perderla, o de necesitar recordarla un día—. Pero vino conmigo, tiene que estar en las cámaras del hospital.
Ranger me hace un gesto de asentimiento y se acerca a la puerta.
—Niña mala, ven acá —llama a su esposa y yo suspiro porque por fin voy entendiendo el maldito gusto que le tiene la gente al matrimonio—. Por favor, ¿puedes encargarte de las cámaras de seguridad? Necesitamos saber a quién estamos buscando y por ahí puedes empezar.
—Claro, dame unos minutos y veo qué puedo conseguir.
—¡Eh! ¡Pero sin pistolas! ¿De acuerdo? —le advierte y ella hace un puchero.
—Aburrido.
Ranger se gira hacia mí y al parecer yo tengo la misma cara porque conmigo sí se justifica, encogiéndose de hombros.
—¡Oye, tenemos un hijo! Hay que ser ejemplo de buenos seres humanos y todo eso —gruñe con cansancio—. Danos un poco de tiempo. Gabriella ya está en eso.
—Tiempo es lo que no tengo, Ranger —espeto intentando mantener la calma, y aprieto los puños con tanta fuerza que los nudillos se me blanquean—. Tienes que encontrarla. Ella… no puedo imaginar que algo le haya pasado.
—¿Y puede ser que se haya ido sin decirte nada? O sea… ¿sigues siendo tan cabrón como para espantar a las mujeres o con esta no has cagado todavía? —me pregunta pero aunque abro la boca para responderle, lo cierto es que mis pensamientos me traicionan.
¡Joder, Liliana ya trató de escapar de mí una vez!
Cierro los ojos y niego.
—Quiero creer que no se iría, que en este momento no se iría de mi lado, menos mientras estaba en una operación —respondo.
—Bueno, en ese caso, tranquilo, amigo. Gabriella está revisando las grabaciones de seguridad ahora mismo —me asegura.
Pero eso no me tranquiliza. Ranger puede ser eficiente, pero mi ansiedad no tiene freno.
Casi veinte minutos después, Gabriella aparece en la puerta, seria, con el teléfono en la mano, y Ranger se levanta de un salto al verla, pero yo no pienso quedarme al margen.
—Habla, Gabriella —le digo, notando cómo mi voz se vuelve más áspera de lo que pretendo—. Dime qué pasa.
Ella mira a su esposo, como buscando permiso, pero Ranger asiente con la cabeza.
—Díselo. Logan puede soportarlo —declara mirándome fijo, como si estuviera probándome.

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Comentarios
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