CAPÍTULO 46. Un viejo amigo y su escolta.
Logan.
Una hora. Solo una hora, me prometo, pero se siente como una eternidad. Cada segundo que pasa en este maldito cuarto, con Carolina y Gemma molestándome, hace que mi sangre hierva. Quiero gritarles, quiero levantarme de esta cama y echarlas a patadas, pero mi cuerpo todavía está entumecido por la anestesia y el cansancio.
Cuando cuelgo el teléfono después de hablar con mi amigo y me aferro a la esperanza de que él llegue pronto. Es un hombre de palabra, y si dijo que estaría aquí en una hora, lo estará. Me impresiona que esté tan cerca como para llegar en ese tiempo, pero nos debemos lo suficiente el uno al otro como para estar seguro de que esto terminará como quiero.
Gemma me observa desde un rincón, con los brazos cruzados y una expresión de odio puro. Carolina, por su parte, se sienta en una silla cercana, mirándome como si yo fuera un niño malcriado que necesita una lección.
—¡¿Se van a quedar todo el puto día mirándome o quieren hacer al buena obra de largarse de aquí de una puñetera vez y dejarme en paz!? —les gruño y la mujer a mi lado se levanta.
Es cierto que tuvimos algo, pero nada más serio que seis meses de relación que me quitaron hasta las ganas de follar. Y de eso ya pasó un año.
—¿De verdad, Logan? —pregunta Carolina con una voz llena de desprecio—. ¿Todo esto por una campesina?
—Te dije que salgas de aquí, Carolina —respondo con un tono seco, pero no puedo evitar que la furia se cuele en mis palabras.
Ella se ríe, burlona, y se inclina hacia mí, como si quisiera provocarme.
—¿Y quién va a sacarme? ¿Tú? —pregunta, levantando una ceja mientras me mira de arriba abajo—. Lo único bueno de todo esto, cariño, es que me tienes a mí para hacerte entrar en razón.
Gemma se une a la burla, soltando una carcajada que me hace apretar los puños.
—Déjalo, Caro —dice con tono venenoso—. Déjalo llorar por la pobre campesina, debe ser el efecto de la anestesia. Cuando se le pase se dará cuenta de que Liliana ni siquiera se puede comparar contigo.
Quiero gritarles, pero no puedo. Acabo de salir de una cirugía de columna y para empezar mi cuerpo no puede responder como quiero, y para seguir, si lo echo a perder entonces no tendré la fuerza para estrangular a estas dos como quiero. Así que hago lo único que puedo: miro a mi médico y respiro hondo.
—Esteban —digo con la voz baja pero firme—. Necesito que encuentres a Liliana. Puede que todavía esté en el hospital.
Él asiente sin dudarlo, lanzando una mirada rápida a Carolina antes de salir del cuarto y ella obviamente se pone de pie, furiosa.
—¡Maldición, Logan! ¿Cómo puedes seguir pensando en ella? ¡Esto solo lo haces para humillarme! ¡¿No es cierto?! ¡Porque te dejé hace un año! —grita, señalándose con un dedo mientras su voz retumba en la habitación.
—¡Y ojalá tuvieras la bondad de dejarme en el mismo estatus! —La miro directo a los ojos—. ¡Dejado por ti es como quiero estar, porque verte es lo último que interesa! Y la respuesta es sí, sigo pensando en ella porque ELLA es la que tiene que estar aquí, porque ELLA es mi esposa.
La furia en su rostro es casi cómica. Se da la vuelta para mirar a Gemma, como buscando apoyo, pero incluso Gemma parece incluso más incómoda con mi declaración.



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