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IMPERDONABLE romance Capítulo 45

CAPÍTULO 45. El precio de no rendirse

Liliana

Sé que debería irme. Debería dar la vuelta, subirme al primer autobús y desaparecer, pero mis piernas no me obedecen. Mi corazón, terco como yo, se aferra a la idea de que Logan me necesita.

A pesar de que las cosas no son miel sobre hojuelas entre los dos, no puedo irme, siento que todavía le debo la verdad.

A pesar de todo lo que ha pasado son su… prometida, de la bofetada y de los guardias arrastrándome fuera del hospital, no puedo irme.

A pesar de que entiendo lo descabellado que es todo esto, no puedo irme. Mi conciencia me mataría si mañana me entero de que salió lastimado de nuevo y yo no hice nada para evitarlo.

Me acerco a una puerta lateral del hospital, intentando entrar sin ser vista, pero un guardia corpulento me detiene antes de que siquiera toque la manija.

—¿Otra vez tú? —dice con tono burlón.

—Por favor, necesito entrar. Mi esposo está adentro… —empiezo, pero me interrumpe soltando una carcajada que parece sacada de una película de mafiosos.

—Tu esposo. Claro. —Se gira hacia otro guardia que está cerca, sacando algo de su bolsillo—. ¿Escuchaste eso? Ahora resulta que la campesina es la esposa del millonario.

El otro guardia se ríe también, y siento que la rabia me sube hasta las mejillas. Obviamente estos ya cruzaron algunas palabras con Gemma o Carolina, y no dudo que dinero también.

—Es la verdad. ¡Necesito ver al doctor Esteban! Él puede confirmarlo —digo con la voz temblando entre la impotencia y la desesperación.

—Sí, claro, porque estamos aquí para creer todo lo que diga una alborotadora —me responde el segundo guardia, cruzándose de brazos—. Mira, mejor lárgate antes de que esto se ponga peor para ti.

Maldigo entre dientes y saco mi teléfono del bolsillo con manos temblorosas, sé que el doctor Esteban debe haberme llamado en algún momento… Intento encontrar su número porque si logro hablar con él, todo se solucionará. Pero antes de que pueda marcar, el primer guardia se lanza hacia mí, me arrebata el teléfono y lo estrella contra el suelo.

—¡¿Qué haces?! —grito, horrorizada al ver mi teléfono hecho pedazos.

—Aunque no lo creas, te estoy ahorrando problemas —responde con una mueca burlona—. Pero tranquila, no te apures tanto. La llamada que tenía que hacerse ya se hizo.

—¿Qué llamada? —pregunto y mi voz tiembla de nuevo, pero esta vez sé que es de miedo.

El guardia no responde. Solo me mira con esa sonrisa de superioridad que hace que quiera gritar. Antes de que pueda insistir, escucho el sonido de sirenas acercándose y mi corazón se acelera.

Dos patrullas se detienen frente al hospital, y un grupo de policías desciende de ellas. Uno de los oficiales, un hombre calvo con cara de pocos amigos, camina directamente hacia mí.

—¿Liliana Duque? —pregunta, leyendo mi nombre de un papel que sostiene en la mano.

—¿Sí? —respondo, insegura.

—Queda detenida por alteración del orden público —anuncia, mientras otro oficial me agarra del brazo con fuerza.

—¡¿Qué?! ¡No he hecho nada! —protesto, luchando por soltarme—. ¡Esto tiene que ser un error!

CAPÍTULO 45. El precio de no rendirse 1

CAPÍTULO 45. El precio de no rendirse 2

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