CAPÍTULO 43. La sorpresa prometida
Liliana
Estoy temblando por dentro. Logan acaba de entrar al quirófano, y aunque trato de mantenerme firme, el miedo me está devorando. Miro el reloj por quinta vez en los últimos diez minutos. Cada segundo parece arrastrarse como si el tiempo estuviera jugando conmigo.
El doctor Esteban se acerca. Su rostro es calmado, profesional, pero no puedo evitar buscar cualquier signo de preocupación en sus gestos.
—Liliana, todo va a salir bien —intenta tranquilizarme—. Logan está en las mejores manos.
Sin embargo ese no es consuelo.
—Ya lo sé… Es solo que no puedo evitar estar asustada. Usted ya lo salvó una vez… —Y esa es la única razón por la que confío en él y en nadie más, porque cuando peor estaba el Señor Greñitas, él fue el que descubrió sus heridas internas e hizo todo por salvarlo—. Pero no puedo evitar tener miedo… esta operación… ¿y si algo sale mal?
—Confía en mí. Personalmente me aseguraré de que todo marche como debe —responde con una sonrisa—. Es más, solo pasaba a decirte que voy a entrar a quirófano, el cirujano es un amigo personal así que podré participar en la operación.
Sus palabras me reconfortan, pero solo un poco. No quiero que se note lo vulnerable que me siento, así que hago un gesto de confirmación con una sonrisa tensa mientras lo veo alejarse hacia el quirófano.
Me dejo caer en una de las sillas de la sala de espera. El aire huele a desinfectante, y el silencio aquí no tiene nada de pacífico. Trato de concentrarme en mi respiración, pero no logro calmarme, porque todo esto, absolutamente todo, me recuerda a mamá. Es como un infierno cambiado de locación, pero infierno al fin.
Dos horas pasan como un tormento. Cada vez que alguien entra o sale por esas puertas dobles, salto como si esperara noticias, pero ninguna es para mí.
Y cuando finalmente veo a alguien familiar, mi estómago se hunde. ¡Es Gemma! Y eso solo puede significar que lo que Logan creía tan secreto, realmente no lo fue. Y si Gemma lo sabe… ¿entonces quién más puede saberlo?
—¿Gemma? ¿Qué haces aquí? —pregunto, levantándome de golpe.
La adrenalina se mezcla con la confusión, y no sé si sentirme preocupada o aterrorizada.
Ella camina hacia mí con una sonrisa que no alcanzo a descifrar. No es amable, pero muy pronto se convierte en algo sumamente agresivo cuando su mano se estrella contra mi mejilla.
—¡Maldit@ arrastrada! ¡¿Cómo se te ocurrió ocultarme que a mi hermano lo iban a operar?! ¡¿A mí?! ¡A su sangre! —me grita y la bofetada que me hace retroceder también me saca algunas lágrimas.
—Esa fue decisión de tu hermano, Gemma… ¿Cómo nos encontraste? —gruño en su dirección, sintiendo un escalofrío recorrerme la espalda.
Pero antes de que pueda responder, veo una sombra aparecer detrás de ella. Es una mujer, y es… impresionante. Alta, delgada, elegante, con un porte que grita autoridad. Su cabello está perfectamente peinado, y su vestido caro parece diseñado exclusivamente para ella.
—No fui yo quien los encontró —dice Gemma con un tono casi burlón, y su mano se mueve en un gesto casual hacia la mujer—. Ella lo hizo.
—¿Quién es usted? —pregunto, intentando mantener la calma, y la mujer me mira como si fuera una mota de polvo en su camino.
—Tiene sentido que no me conozcas, porque yo no me mezclo con la mugre —dice con un tono helado y me doy cuenta de que es exactamente igual que Gemma. Su mirada se vuelve aún más cortante mientras se acerca—. Soy la prometida de Logan, Carolina LaRosa.
Sus palabras me golpean como un mazazo.
—¿Prometida? —murmuro, sintiendo que el mundo se tambalea bajo mis pies, y Gemma sonríe ampliamente, disfrutando cada segundo de mi confusión.
—Sí, Liliana. Carolina ha sido la prometida de Logan por años. Y tú —dice, señalándome con un dedo acusador—, solo eres la esposa aparecida.


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