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IMPERDONABLE romance Capítulo 31

CAPÍTULO 31. Pesadillas

Liliana

—No es una orden —murmura y por alguna razón empiezo a creerle—. Solo quiero que te quedes aquí. Está haciendo mucho frío, nunca se sabe cuándo pueda dolerme de nuevo.

Bueno… eso es más creíble.

—Está bien, me quedaré —asiento, pero antes de que dé un paso hacia el sofá, me sujeta más fuerte.

—Quise decir en la cama, Liliana —me corrige, mirándome a los ojos—. Y no, no te voy a hacer nada. Si quieres puedes poner una… barrera de almohadas o lo que sea.

Durante un segundo pierdo el aliento, pero después de todo la idea casi me hace gracia, ¿una esposa durmiendo con almohadas entre ella y su marido? Sería como confirmarle a Logan que esto fue una farsa desde el inicio.

—No hace falta —le digo mientras me acuesto a su lado, intentando no pensar demasiado en lo cerca que estamos.

Logan se acomoda de costado, apoyando la cabeza en su antebrazo, y desliza su mano sobre mi abdomen.

—¿Cómo está tu cicatriz?

La pregunta me toma por sorpresa, pero menos que su mano caliente subiendo el sueter del pijama.

—Más fea de lo que se siente —respondo con sinceridad.

Él asiente lentamente, como si estuviera procesando mis palabras.

—Cuando todo esto pase —dice, señalando su propio torso—, voy a cubrir la mía con tatuajes.

Lo miro de reojo y eso tiene mucho sentido, los que ya tiene se le ven increíbles.

—Yo no podría hacer eso —le digo en voz baja—. Además no quiero esconderlo…

Él se queda en silencio, pensativo, solo acaricia mi piel con las puntas de los dedos y no sé en qué momento me quedo dormida, pero las pesadillas no tardan en llegar.

Estoy en un cuarto frío, iluminado con luces blancas y cegadoras. Primero está mamá, tendida sobre una camilla. Luego la chica de la bañera llena de hielo, pareciera que tiene escarcha encima, pero sus costados están abiertos y sangrantes. Y luego soy yo, atada a una camilla mientras el doctor Ryker está ahí, cortando de nuevo sobre mi cicatriz mientras yo grito.

“¡Por favor, no me lastimes… no voy a decir nada… no me lastimes, déjame… por favor...!” Le suplico que no me haga daño, que salve a mi madre, que por favor no me toque. Siento el peso del miedo, el terror, la impotencia…

Y despierto de golpe, empapada en sudor. Mi respiración es rápida y errática. Giro la cabeza y veo a Logan, rendido a mi lado, su pecho subiendo y bajando con cada respiración profunda. Gracias a Dios no se ha despertado...

Vuelvo a cerrar los ojos y trato de dormir de nuevo. Esta vez, cuando el sueño me alcanza, él me abraza. Es un gesto automático, como si incluso dormido supiera que lo necesito.

CAPÍTULO 31. Pesadillas 1

CAPÍTULO 31. Pesadillas 2

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