CAPÍTULO 29. Tentación.
Liliana
Me siento frente a la maceta donde está la planta de mamá. El jardín está tranquilo, pero mi mente no. Necesito alejarme del caos de la casa porque parece que se van a matar ahí dentro.
El aire fresco y el aroma de la tierra deberían calmarme, pero no lo logran. Cada vez tengo más miedo de todo lo que está pasando, pero este es el precio de confiar en la persona incorrecta así que despegar los labios no es una opción… al menos no todavía.
—Mamá, hice todo lo que me pediste —susurro como si la plantita pudiera escucharme, como si a través de ella, de alguna forma, pudiera hablar con mi madre—. He sido buena, he sido generosa, he tratado de compensar todo lo que pasó pero… tengo miedo.
Las palabras me queman la garganta y me cubro la cara con las manos.
—No sé qué está pasando con Logan. Desde que volvimos del cementerio es diferente, como si… como si el hombre cruel que solía ser se hubiera desvanecido. Pero eso no significa que confíe en él.
Acaricio las hojas y suspiro con el corazón cada vez más pesado.
—Yo solo quería que despertara. Pensé que él podía ayudarme, que juntos podríamos arreglar todo, pero ahora… ahora solo siento miedo. El Señor Greñitas dormido me gustaba mucho, ¿sabes? Era tranquilo, casi dulce. Pero el Señor Greñitas despierto… —las lágrimas se me acumulan en los ojos porque todo esto me está sobrepasando—, no estoy segura de que sea una buena persona. Y si estoy aquí, si todo esto pasó… es porque confié en la persona equivocada. No puedo correr ese riesgo de nuevo, má…
Un ruido detrás de mí me hace girar la cabeza hacia la casa y mis ojos buscan en las ventanas cercanas con un rastro de miedo. No hay nadie. No se escucha nada. Pero la sensación de que alguien me observa no desaparece. Un escalofrío me recorre, y cuando mis ojos vuelven al jardín veo a la hermana de Logan caminando hacia mí desde el otro extremo.
Se mueve con paso firme, decidida, como si llevara toda la autoridad del mundo en esos tacones. Llega hasta donde estoy y lanza algo a mis pies.
—¡Toma! —escupe con absoluto desprecio y yo frunzo el ceño, viendo el pedazo de papel a mis pies.
Me agacho y recojo un cheque con mi nombre. Un millón de dólares. Miro el papel y luego a ella, que está cruzada de brazos, esperando.
—Deberías guardar mejor las cosas valiosas —digo, extendiendo el cheque de vuelta hacia ella, y me observa con una mezcla de incredulidad y asco.
—¿Eres estúpida o no sabes leer? —pregunta con frialdad—. ¡Tu nombre está ahí!
—Sé leer —respondo con calma porque sé a dónde quiere llegar—. Pero no me interesa cobrar algo que no me pertenece.
Gemma se ríe, pero no hay alegría en su risa, solo burla. Me mira como si fuera un insecto molesto y da otro paso hacia mí.
—¡Es para que te largues, estúpida, para que dejes a mi hermano! —sisea y me doy cuenta de que está tratando de hacer conmigo lo mismo que Logan hizo con su prometido.
Miro el cheque y por un segundo la tentación me hace un nudo en el estómago: podría escapar con esto, hacer una nueva vida, desaparecer. Pero sé que sería imposible. La única vez que he intentado escapar Logan me encontró en menos de media hora, si me voy con este cheque se que no lograría ni llegar a las puertas de un banco, y entonces de verdad Logan construiría un infierno especialmente para mí.


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