Entrar Via

IMPERDONABLE romance Capítulo 179

TOMO 3. CAPÍTULO 179. Un tiempo para esperar

Liliana

—¡Logan, no! —intento disuadirlo, porque lo que sea que esté pasando por su cabeza no terminará en nada bueno, y ya sé que no tiene una conciencia ligera.

Puede parecer duro y ser muy bruto, pero el arrepentimiento le pesa. Y ahora mismo su rostro está sereno, pero sus ojos... hay algo en sus ojos que me llena de miedo.

Intento convencerlo y me sujeta por los brazos con esa fuerza suave que solo él tiene.

—No puedes quedarte aquí. Por favor vete.

—No, no voy a irme sin ti. —Mi voz se quiebra y siento las lágrimas rodar por mis mejillas, pero Logan sacude la cabeza y me suelta con cuidado.

—Estaré bien. —Me acaricia la cara con una mano, y ese gesto me desarma—. Solo tengo que ocuparme de algo.

Antes de que pueda responder, Ranger tira de mi chaqueta con esa falta natural de explicaciones natural en él.

—Liliana, tenemos que irnos. Ya luego le tiras una plancha a la cabeza —gruñe—. El idiota sabe lo que hace. Estará bien.

—Pero… ¡No! —lo encaro, pero Ranger solo me mira con esa expresión inquebrantable que siempre lleva consigo.

—Yo volveré por él —rezonga arrastrándome hacia una camioneta—. Antes nos vamos, antes vuelvo, tú decides. Además deberías querer ver a tus hijos ahora.

Ese es un golpe bajo, obviamente, pero el nombre de mis hijos es lo único que logra romper mi determinación. Miro a Logan, esperando que diga algo, que me detenga, que me pida que me quede. Pero él solo me sonríe con un poco de cansancio.

—Fresita, ve con ellos. —Su tono no deja espacio a la discusión y entonces mi cuerpo se mueve por inercia, pero mi mente sigue ahí, atrapada en esa escena, en el rostro de Logan mientras me alejo de él.

La caravana echa a andar y no entiendo cómo él ha decidido quedarse completamente solo. Sin embargo cuando llegamos al hospital, solo puedo pensar en ver a mis niños. Todo está en calma cuando llegamos, pero siento que no puedo respirar. Apenas puedo caminar mientras me llevan al cuarto donde están mis hijos y Ranger me abre la puerta.

Ahí están. Mis bebés.

Arthur los sostiene, uno en cada brazo, con una expresión que nunca le había visto antes. Es una mezcla de alivio, ternura y algo más, algo que no sé describir.

—Liliana —dice mientras corro a abrazarlos.

Me acerco y tomo a mis hijos. Están tranquilos, dormidos, pero cuando los sostengo, siento que todo mi cuerpo se desmorona. Mis piernas flaquean, y Arthur tiene que sujetarme para que no caiga.

Lloro. Lloro como nunca antes, sin poder contenerme, mientras abrazo a mis niños y siento su calor contra mí.

—Están bien —murmuro, como si necesitara decírmelo a mí misma para creerlo—. Están bien...

Arthur me rodea con un brazo y me sostiene mientras sigo llorando.

—Están a salvo, Liliana. Ya los revisaron como cien veces los pediatras. Están perfectamente bien.

Levanto la vista hacia él y pregunto por la única otra persona que me ha tenido el corazón temblando.

—¿Y Beri? —pregunto y Arthur asiente con el rostro lleno de una calma extraña.

—Ya la operaron. Está en recuperación. Podemos ir a verla cuando quieras —me dice—. Por suerte el balazo que le dieron no fue grave. Y por supuesto que Kolya ya está volando hacia acá.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE