TOMO 3. CAPÍTULO 177. Un paso más
Liliana
El sonido del auto afuera rompe el silencio del sótano. Mis músculos se tensan al instante, y siento que mi respiración se acelera. No hay tiempo para el pánico, solo para actuar. Miro a Logan, que asiente en mi dirección antes de desaparecer en la penumbra bajo la escalera.
Ryker está inconsciente y Carolina bien amordazada, así que no hay posibilidad de que nos delaten.
Me acomodo rápidamente en la silla, volviendo a adoptar la posición en la que estuve antes; y coloco mis manos detrás de la espalda, apretándome los dedos con fuerza para que parezca que sigo amarrada. Mi corazón late tan fuerte que siento que va a explotar en mi pecho, pero mantengo la mirada fija en el suelo, como si estuviera completamente derrotada.
Los pasos resuenan en la escalera metálica, pesados y seguros, hasta que finalmente aparece. Al principio, apenas puede ver alrededor porque sus ojos se están adaptando a la oscuridad, pero en cuanto su figura sale a la luz de la pobre lámpara que ilumina este sótano y toma forma, siento que el corazón se me hunde.
No puedo creerlo. Ni siquiera sospechaba, pero verlo aquí, con esa mirada de desprecio, hace que toda esperanza que tenía de que esto fuera un error se desvanezca. Él baja las escaleras con cuidado, su mirada recorre las zonas visibles del sótano con rapidez, probablemente buscando a sus cómplices.
Y cuando finalmente se detiene frente a mí, sonríe. Es una sonrisa vacía, calculadora, y en cuanto abre la boca, mi estómago se revuelve.
—Bueno, bueno, qué suerte la mía. No todos tienen la oportunidad de despedirse de alguien a quien le tuvieron tanto cariño.
Su tono es falso, lleno de cinismo, pero sus palabras me impactan como un golpe. Me cuesta creer que alguna vez compartimos cenas en la misma mesa, que alguna vez confié en él, que me parecía el más dulce de todos.
—No… no puede ser… tú no…
Él da un par de pasos hacia mí y me mira con lástima.
—¿Yo no? No lo parezco, ¿verdad? Bueno, es lo que tiene ser una mente maestra: nadie se imagina que eres tú. Pero no te preocupes, Lili, no voy a dejar que Ryker haga contigo esas barbaridades que tanto disfruta. No voy a permitir que te corte en pedazos o que te saque los órganos para venderlos. —Su tono es casi burlón y agradable—. En lugar de eso, voy a hacer algo mucho más... limpio. Afuera hay una máquina de hormigón con cincuenta toneladas listas para ser usadas. Voy a ponerla en marcha y dejaré que todo eso caiga sobre este sótano. Sellaré este lugar por completo, así que podrás morir tranquila aquí abajo, enterrada para siempre.
Mis ojos se llenan de lágrimas, pero no dejo que caigan. No le voy a dar esa satisfacción. Por primera vez desde que empezó a hablar, levanto la cabeza y lo miro directamente. Mi voz es apenas un susurro, pero se oye clara en el silencio del sótano.
—Anthony...

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