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IMPERDONABLE romance Capítulo 175

TOMO 3. CAPÍTULO 175. Las rejas o el ataúd

Liliana

El frío del sótano parece más denso, como si el aire estuviera lleno de hielo y miedo. Estoy amarrada a esta silla y las lágrimas ya ni me queman en las mejillas; hace rato que la desesperación se tragó cualquier sensación de alivio. Cada vez que escucho un disparo, mi corazón salta y luego cae al vacío porque no lo entiendo.

¿A quién le están disparando? ¿Quién lo está haciendo?

Pero evidentemente no soy la única con preguntas porque Ryker y Carolina se miran son comprender. Ella camina de un lado al otro como una leona enjaulada, con una sonrisa sádica pintada en el rostro. Ryker, por otro lado, parece un animal acorralado, con el ceño fruncido y las manos lívidas de apretarlas. Las veo justo cuando Carolina saca un arma y se la pasa frente a mí, como si fuera su papel ser el muro defensivo solo porque es hombre y “empleado”.

Ryker apunta el cañón directo a mi pecho, y su mirada es la de un hombre que está al borde de la rabia absoluta.

—¡Me dijiste que lo tenías todo controlado! ¡Vi un montón de guardias afuera! —le grita Carolina lo mira con frustración.

—Pues esos son mis malditos guardias, y son buenos, idiota —le dice Carolina con desdén, como si le estuviera hablando a un niño pequeño—. ¡Soy poderosa, pero no soy omnisciente! ¡No sé qué carajos está pasando!

Él no responde, solo aprieta los dientes y me mira. Estoy segura de que puede escuchar cómo mis latidos retumban en el silencio.

De pronto, un estruendo resuena desde la escalera, y uno de los hombres de Carolina cae rodando por los escalones como un muñeco de trapo roto. Grito por instinto, aunque el sonido apenas se oye por encima de los disparos. La tensión en el ambiente se corta con cuchillo, y entonces lo veo.

Un hombre aparece en el tope de las escaleras con el cañón de un rifle apuntando hacia adelante. Su presencia lo llena todo, como si el espacio se encogiera a su alrededor, y a pesar del miedo logro reconocerlo vagamente: Ranger. Hay algo en su mirada, fría y calculadora, que hace retroceder a Carolina y a Ryker, y con justa razón.

—¡Sal de aquí o la mato! —grita Ryker, alzando el arma hasta mi cabeza mientras me toma del cabello para inmovilizarme.

Pero es como si le hablara a un muro, porque Ranger lo ignora olímpicamente y sigue bajando. Apenas mueve la cabeza, y dos de sus hombres bajan detrás de él, ágiles como sombras; y por un momento siento que el mundo se detiene cuando lo veo: Logan.

Baja los escalones con la mirada fija en mí, como si nada más existiera. Mis lágrimas caen sin control cuando veo sus ojos llenos de determinación y ni siquiera necesito preguntarle.

—Los niños están a salvo —dice con una firmeza que corta el aire—. Arthur está con ellos, lejos de aquí. Están a salvo.

El alivio me golpea tan fuerte que casi me quedo sin aire, pero no tengo tiempo para procesarlo, porque Ryker le grita a Logan, su voz acelerada por la rabia:

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