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IMPERDONABLE romance Capítulo 174

TOMO 3. CAPÍTULO 174. Una mujer distinta

Logan

La noche está tan oscura que apenas puedo ver unos metros delante de mí. El frío me cala hasta los huesos, pero no siento nada más que el tamborileo frenético de mi corazón. Mis piernas se mueven solas, cada paso impulsado por la desesperación. En medio de la penumbra, una silueta aparece entre los árboles: una mujer corriendo con dos sillitas de bebé en las manos.

Escucho el disparo y por un instante pienso que es Liliana. La veo trastabillar y tratar de apresurarse, pero luego dos disparos más se escuchan. Las piernas no me alcanzan para correr más y la veo continuar a pesar de todo, desplomándose en los brazos de alguien.

El Arthur. Arthur la alcanza antes que yo, mientras corro desesperado en esa dirección y escucho a Ranger gritar una orden para responder al fuego.

—¡Liliana! —grito con todas mis fuerzas, aunque mi voz se pierde entre el caos.

Cada segundo es una eternidad, y solo veo que a pesar de todo la mujer sostiene las dos sillitas sin dejarlas caer al suelo. Solo entonces mi mente procesa lo que estoy viendo: no es Lili, es mi hermana.

—¡Gemma! —jadeo, deteniéndome de golpe mientras mi cuerpo se inunda de confusión y rabia.

Sus manos están rígidas, lo mismo que su expresión, pero aun así puedo entenderla. Recibo las dos sillitas de sus manos mientras ella se desploma contra el cuerpo de Arhtur, que la sostiene con fuerza hasta acostarla en el suelo.

Ella levanta la cabeza apenas, con los ojos desenfocados buscando algo, y en un susurro pregunta:

—¿Están…? ¿Los niños…? ¿Están bien… los niños? —balbucea entre estertores, pero mis ojos ya están en estas sillitas donde descansan mis hijos.

Ranger grita algo detrás de mí mientras ordena el ataque, pero mi mundo se reduce a esos dos pequeños cuerpos. Sus caritas están húmedas de lágrimas, sus gritos llenan el aire, pero están vivos. Están vivos los dos y no están heridos.

—Están bien, Gemma —le digo con la voz rota de angustia mientras mis manos tiemblan al acariciar las cabecitas de mis hijos. No sé si hablo para tranquilizarla a ella o a mí mismo—. Están bien.

Arthur mueve un poco a Gemma y ella grita por primera vez, mientras él me muestra una de sus manos cubierta de sangre.

—Está herida, Logan —dice con urgencia y a pesar de que mi hermana jadea de dolor él le da la vuelta—. Han sido tres disparos... le dieron los tres en la espalda.

Gemma me mira con los ojos entrecerrados, luchando por mantenerse consciente.

—Yo... lo intenté —susurra y su voz es apenas un hilo—. Traté de sacarlos de ahí.

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