TOMO 3. CAPÍTULO 173. Un tiempo para desquitarse
Liliana
Un poco antes
El sabor metálico de la sangre invade mi boca mientras Gemma se me acerca, sus ojos brillan con algo que no sé si es odio, resentimiento o puro fastidio. Siento la piel de mi rostro ardiendo por el primer golpe, pero el dolor físico es lo de menos. El verdadero tormento es el nudo que tengo en el pecho al saber que mis hijos están en peligro, al escucharlos llorar a mis pies mientras están rodeados de toda esta gente que solo quiere lastimarlos.
Frente a mí Carolina y Ryker se desafían con la mirada, es evidente que ella no lo considera más que un empleado glorificado, pero después de salvarle el pellejo una vez para usarlo en su beneficio, es obvio que no le tiene ningún respeto. Sin embrago la intervención de Gemma los hace enfocarse en otra cosa.
Ella se detiene un momento, girándose hacia Carolina con un gesto burlón.
—¿Tienen apuro o puedo desquitarme un poco? —pregunta con una indiferencia que me hiela la sangre.
Carolina suelta una carcajada fría, cruzando los brazos mientras me observa desde su trono de superioridad.
—Adelante. Diviértete —le dice y con eso, Gemma vuelve a girarse en mi dirección y esta vez me mira como si fuera la fuente de todos sus problemas.
—¿Sabes qué es lo peor de ti? —me dice, justo antes de darme otra bofetada, esta más fuerte que la anterior—. ¡Por tu culpa Logan no me quiere! ¡Por tu culpa me alejé de mi hermano!
La miro a los ojos, buscando una pizca de humanidad, algo que me diga que todo esto es una farsa y que no va a hacerme daño. Pero no encuentro nada, solo una rabia que parece venir de lo más profundo de su ser.
—Tú siempre te metes donde no te llaman, ¿no? —continúa, mientras me golpea una vez más. Siento cómo mi cabeza se va hacia un lado, y el sabor de la sangre se intensifica. Mis lágrimas ruedan, pero no son por el dolor, sino por el miedo que siento por mis hijos—. ¿Por qué no pudiste quedarte en tu lugar? Logan no te necesita, pero claro, ¡tú tenías que arruinarlo todo!
Trato de responder, pero mi garganta está seca y mis palabras no salen. Gemma me mira con desprecio, como si fuera algo que encontró en el suelo y que no merece su tiempo.
Y luego el espectáculo continúa. La mitad del tiempo Gemma la pasa insultándome o maldiciéndome, y la otra mitad golpeándome. Carolina parece disfrutarlo demasiado, como si cada bofetada que recibo fuera un canto a su venganza, y Ryker solo está impaciente al otro lado del cuarto.
Gemma, sin embargo, no parece tener apuro, así que parece que pasa toda una eternidad mientras me pega, hasta que por fin Ryker interviene.
—Bueno, ya —escupe de repente con tono frío y autoritario. Se acerca a Gemma y la toma del brazo, alejándola de mí—. Ya te diste el gusto, no sigas. Si le deformas la cara, no podremos disfrutar de su expresión cuando se entere de quién está detrás de todo esto.
Frunzo el ceño sin comprender y siento la sangre rodando por un costado de mi boca.
—¿Qué… qué quieres decir? —logro balbucear y mi voz es apenas un susurro.
Ryker me mira con una sonrisa maliciosa.

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