TOMO 3. CAPÍTULO 172. Gente de confianza
Logan
El rugido del helicóptero llena el aire y el polvo se levanta en remolinos alrededor del helipuerto. Estoy de pie con Arthur y el equipo de seguridad que nos queda, mirando cómo la máquina aterriza. Mi corazón late a mil por hora, pero trato de mantenerme firme, porque sé que Liliana y los niños necesitan que esté enfocado, no perdido en el pánico que me está carcomiendo.
Cuando Ranger baja del helicóptero, acompañado de seis hombres de mirada dura y experiencia evidente, siento una chispa de esperanza. Mi amigo es un hombre de pocas palabras, pero su presencia siempre ha sido sinónimo de resultados. Tiene una manera de moverse que demuestra que está acostumbrado a la acción, y su equipo es igual de letal.
—¿Cuál es la situación? —pregunta, y su voz grave y directa corta el ruido del rotor que aún no se detiene del todo.
—Secuestraron a Liliana y a los gemelos —le repito caminando hacia él, y mi voz es más firme de lo que me siento—. No es por dinero, no van a llamar para eso, te lo aseguro. Carolina no quiere un rescate, quiere matarlos, y creo que está planeando hacer un espectáculo con eso.
Ranger asiente sin hacer ningún comentario. Ese es su estilo: asimila la información y actúa. No necesita dramatismos, y eso es justo lo que hace falta ahora.
Artur se acerca con su teléfono en la mano y una tableta en la otra mientras su rostro está profundamente tenso.
—Dice Kolya que tiene la ubicación del chip de Liliana —murmura entregándole la tablet a Ranger, donde se muestra un mapa en la pantalla—. Está ahí.
Justo cuando señala el lugar, mi teléfono vibra con un mensaje de Gemma. Lo abro con manos temblorosas, y cuando leo la dirección que envió, me doy cuenta de que coincide con la ubicación del chip.
—Es el mismo lugar —digo en voz alta mostrando el mensaje a Ranger y a Arthur.
—Perfecto, tenemos confirmación. Voy a alistar a mis hombres.
“Y yo los ayudo” dice Kolya en el altavoz del teléfono. “Les proporcionaré apoyo tecnológico. Necesito que me mantengan informado en tiempo real para ajustar las coordenadas si es necesario y enviarles el recuento de cuerpos”.
Ranger asiente porque al final ellos entienden de qué habla el otro, y da órdenes rápidas a sus hombres, que empiezan a prepararse. Arthur observa todo con los brazos cruzados, pero su mandíbula está apretada de una forma que me hace saber que está igual de desesperado que yo.
—Están en un sitio de construcción abandonado —dice Ranger, estudiando el mapa satelital que Kolya le envía a su pantalla—. Parece un viejo edificio en las afueras de la ciudad, rodeado de un campo de árboles bajos, es un problema porque hay cómo cubrirse así que el elemento sorpresa está un poco jodido. Habrá que movernos con mucho cuidado. La buena noticia es que la noche está cayendo, y eso nos da algo de ventaja.

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