TOMO 3. CAPÍTULO 166. Un hombre con autocontrol
Logan
Liliana y yo nos miramos durante el tiempo suficiente como para que esto se sienta un poco incómodo, pero los dos sabemos que tengo razón, que posiblemente ninguna de esa pobre gente haya firmado nada, y que Ryker solo los haya utilizado para el tráfico sin su consentimiento.
Ella me hace un gesto de afirmación con la cabeza y luego alcanza su celular y llama a su contacto tecnológico y, aunque no lo conozco, siento que el tal Kolya me enciende la sangre. No tengo idea de cómo es, pero la forma en que Liliana se dirige a él, con tanta familiaridad y cariño, me da ganas de romper algo en dos aunque sea mi propia cabeza.
Lili camina por el despacho mientras hablan, y el tipo le responde como si ella su prioridad en todo momento. Está completamente concentrada en la conversación, pero yo no puedo evitar fijarme en los detalles: la forma en que sonríe, como si hablar con él la tranquilizara.
—Gracias, Kolya —dice con una voz cálida que no usa con cualquiera—. Ya te debo tantas que no sé ni cómo te voy a pagar.
"Ya se me ocurrirá algo” ríe el tipo y yo quiero que se habrá un agujero a mis pies.
¡Perfecto! Ahora resulta que el tal Kolya es su héroe personal.
Cuelga y se da la vuelta, encontrándose con mi expresión. Sé que debo parecer un maldito ogro, porque me mira con las cejas levantadas y una sonrisa divertida en los labios.
—¿Qué pasa contigo? —pregunta, cruzándose de brazos.
—Nada —gruño, aunque mi tono deja claro que tengo de todo pero no lo quiero decir.
Paso saliva mientras este dolor me reverbera dentro y no es por ella, sino porque sé que no puedo hacer nada. La veo dar un paso hacia mí, estudiándome con esa mirada que siempre me hace temblar de la peor manera.
—Estás celoso —murmura y no es una pregunta, sino una declaración.
Me tenso y niego con la cabeza.
—No… No estoy celoso.
Liliana se ríe suavemente y da otro paso, quedándose lo suficientemente cerca como para que su perfume me nuble el pensamiento.
—¿Quieres saber quién es Kolya?
—No.
Lili sonríe más ampliamente, con esa mezcla de burla y ternura que solo ella domina y yo siento que soy una bomba a punto de estallar.
—Eso es mucho autocontrol de tu parte —advierte.
Por un segundo la miro directamente a los ojos, y antes de pensar en lo que digo, las palabras salen de mi boca:
—No es autocontrol. Simplemente sé que no tengo derecho a pedirte nada… Pero eso no significa que no quiera ahorcar a alguien en el proceso.
Liliana parpadea, sorprendida por mi sinceridad, pero antes de que pueda responder algo, me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia la puerta del despacho. Necesito salir de aquí antes de que mi estupidez sea más evidente, porque me estoy muriendo por Liliana y no quiero que me eche de aquí como un perro por hacerle una escena.
—¡Logan!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE