TOMO 3. CAPÍTULO 165. Cómplice o víctima
Liliana
El hombre frente a mí parece congelado. Su piel pasa de un tono rosado a un blanco enfermizo mientras me mira, intentando decidir si hablar o no. Finalmente, traga saliva y baja la mirada.
—He notado cosas… cosas raras —admite con tono tenso—. Pero no me atrevería a cuestionar a alguien como el doctor Ryker. ¡Es demasiado poderoso, demasiado respetado!
Me cruzo de brazos manteniendo mi expresión neutral, aunque por dentro la rabia me hierve. Es el mismo patrón de siempre: Ryker intimida, manipula y utiliza el miedo como su mejor arma.
—Entonces, ¿has preferido quedarte callado mientras él sigue matando gente? —le pregunto con tono frío.
Powell me mira, y por un segundo creo que va a defenderse. Pero luego baja la cabeza, derrotado.
—No soy el único. Todos prefieren mirar hacia otro lado. ¡Además no tengo certeza de que esté matando gente! ¡Todas las donaciones parecen… legales! —espeta con frustración pero sé que si lo sintiera tan legal no estaría tan asustado.
—Bueno, yo no me voy a quedar cruzada de brazos esta vez. —Doy un paso hacia él, lo suficientemente cerca como para que sienta la presión de mi presencia—. Necesito acceso a los proyectos en los que tú y Ryker han trabajado.
Se queda inmóvil, pero veo que su mandíbula se tensa. Después de unos segundos asiente con un leve movimiento de cabeza y camina hacia un pequeño escritorio en la esquina de la habitación. Sus dedos tiemblan mientras saca un USB del doble fondo de un cajón y me lo entrega.
—Esto es un respaldo. —Su voz apenas es un susurro—. Todas las donaciones aparecen firmadas, pero siempre sentí que había algo raro con ellas. No sé qué es, pero esto tiene los registros.
Lo miro detenidamente, buscando alguna señal de que está mintiendo. Es posible, claro, pero no parece tener la capacidad mental para inventarse algo tan elaborado en este momento.
—¿Es el único respaldo? —le pregunto, aunque sé la respuesta antes de que la diga.
—No. —Evita mi mirada—. Tengo otro. Si algo me pasa, alguien lo entregará a las autoridades.
Lo sabía. Niego lentamente con la cabeza, dejando salir una carcajada seca.
—Eres un pésimo mentiroso. No tienes ni la más mínima idea de qué hacer con esto o lo que puede provocar. ¡Maldición, si va a ser verdad que todos los que caemos en manos de Ryker somos medio idiotas! —Saco un fajo de billetes de mi cartera y lo dejo sobre la mesa frente a él—. OK, Powell, esto es lo que vas a hacer: aquí hay veinte mil dólares. Quiero que compres un auto pequeño de segunda mano, nada llamativo, y que te vayas a viajar por carretera. Toma esto también. —Le paso un teléfono descartable—. Cuando yo te llame, contestas. Mientras tanto, mantente lejos de Ryker. Voy a sacar esto a la luz, y si él te encuentra, no será para darte las gracias por tus servicios. ¿Entendido?
Él mira el dinero como si fuera un objeto extraño, pero finalmente lo toma con manos temblorosas.
—¿Y… y si no lo hago?
—Entonces no tendrás que preocuparte por Ryker, porque yo misma me encargaré de ti. Porque tal como yo lo veo, la única que no va a querer matarte después de esto seré yo… y solo por ahora. —Sonrío, pero no hay ni una gota de calidez en mi expresión.
El mensaje queda claro, así que asiente rápidamente y murmura algo que suena como un “gracias”. No respondo, solo me giro hacia Logan, que ha estado observando todo con los brazos cruzados, en silencio.

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