TOMO 3. CAPÍTULO 167. Un hombre con hambre de poder
Liliana
Logan me besa de nuevo, y por más que intento racionalizar lo que siento por él, me resulta imposible. Esto que hay entre nosotros es peligroso, como caminar al borde de un precipicio con los ojos vendados; y al final es un poco desesperado también, como si ambos supiéramos que nos estamos ahogando pero no pudiéramos soltarnos el uno al otro. Y sin embargo, no puedo evitar corresponderle, porque el magnetismo entre los dos es casi insoportable.
Apoya su frente en la mía y luego se aparta con una sonrisa triste, pero antes de que este temblor que todavía me recorre desaparezca, se despide apresurado y se va a su habitación. Lo veo salir, y me quedo ahí, inmóvil, sintiendo todavía el calor de sus labios sobre los míos. ¡Soy una maldit@ tonta, pero al menos no estoy sola en el escaño de los tontos!
Nos volvemos a encontrar unas horas más tarde, casi al amanecer, porque ambos escuchamos cuando los niños despiertan con hambre. Parecemos dos fantasmas que deambulan por la casa. Cada uno tiene a un bebé en brazos, dándoles el biberón mientras intentamos calmarlos para que se vuelvan a dormir, y la escena tiene algo tan íntimo que me desarma.
—Parece que cada vez su ciclo de sueño se alarga más —le digo en voz baja mientras arrullo a Brianna en mis brazos.
Logan, que sostiene a Brennan, me mira con una expresión casi azorada.
—Eso sería una tragedia —dice y su voz tiene una calidez descarada que me hace reír—. La mejor parte de mi madrugada es verte aquí.
Le pongo los ojos en blanco, pero sé que solo hay sinceridad en su tono. Acostamos a los gemelos y él titubea antes de cruzar el espacio que nos separa y abrazarme con cuidado, como si no quisiera dejar pasar el momento. Es un gesto tan inesperado que por un segundo me quedo completamente quieta, sintiendo el peso de su cuerpo junto al mío.
Y entonces, como si no pudiera evitarlo, me besa de nuevo. Es un beso rápido, apenas un roce, pero lo suficiente para hacer que mi corazón se dispare.
—Te estás aprovechando —le digo, tratando de sonar molesta, pero mi voz no tiene ni un ápice de dureza y él finge inocencia encogiéndose de hombros.
—Pues no es como que no te lo haya avisado. Addemás… extrañaba mucho tu té de fresas.
Lo miro un poco sorprendida aunque no puedo evitar sonreír. Logan tiene esa habilidad frustrante de ablandarme el alma incluso en los momentos más tensos.
Nos vamos cada uno a nuestro cuarto mientras yo carraspeo y él se rasca la nuca, tratando de meterse cada uno en sus asuntos antes de meternos uno en el otro y no de la manera más limpia.
En fin, que la mañana llega por fin y mientras termino de tomar mi café, recibo una llamada de Kolya. Contesto de inmediato y pongo el celular en altavoz, porque sé que todos los que están alrededor de la mesa les interesa lo que tiene que decirnos.
“Buenos días, Lili”. La voz de Kolya suena seria, como siempre cuando está concentrado en el trabajo. “Hice lo que me pediste. Cotejé a todas las personas que supuestamente le firmaron las donaciones de órganos a Ryker, y los resultados son... preocupantes”.
Logan y yo intercambiamos una mirada.

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