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IMPERDONABLE romance Capítulo 164

TOMO 3. CAPÍTULO 164. Un chivo expiatorio

Logan

Estar con Liliana y los bebés es más de lo que me merezco, lo sé. Pero no puedo evitar sentirme feliz de estar aquí, en este momento, como si la vida me hubiera dado una segunda oportunidad que no esperaba.

Mis días son tranquilos, o al menos lo parecen. Sigo ocupándome de los negocios, aunque la mayoría de las cosas las manejan mis abogados. Solo de vez en cuando voy a la oficina para supervisar algún detalle importante.

Christian y Anthony me llaman de vez en cuando para saber de mí, aunque sé que en realidad lo que quieren es comprobar que no me estoy metiendo en problemas. Les digo que estoy bien, que pronto regresaré a casa. No estoy seguro de si lo creen, pero no insisten demasiado.

La hacienda de Liliana tiene una energía diferente. La tensión se siente en el aire, pero increíblemente no tiene nada que ver conmigo. Todo gira en torno a Ryker ahora. Liliana está empeñada en encontrar pruebas contra él, en cerrar el capítulo de una vez por todas, y aunque entiendo su necesidad de justicia, no puedo evitar preocuparme. Ese tipo es peligroso, quizás más de lo que ninguno está dispuesto a admitir.

Una tarde, mientras veo a Brianna ensuciar el babero de su hermano (juraría que a propósito) una idea fugaz pasa por mi cabeza, y dejo a los niños con Beri para correr hacia la biblioteca donde está Liliana.

—¡Él siempre usa chivos expiatorios! —exclamo y ella me miro como si me hubiera vuelto loco hasta que empiezo a explicarme—. Está acostumbrado a mover las piezas desde las sombras. Quizás deberías investigar a las personas que participaron con él en las misiones.

Ella levanta una ceja, pensativa.

—A ver quiénes coinciden —murmura, más para sí misma que para mí.

—Exacto. —Me acerco a ella y le señalo la pantalla—. Puedo llamar a Ranger, pero imagino que ya tienes a alguien de confianza en informática y esas cosas. Dile que busque nombres, patrones, algún colaborador constante que haya estado presente en las mismas misiones que él.

Liliana asiente lentamente, como si estuviera procesando la idea. Sin decir una palabra, toma su teléfono y marca un número. Me aparto para darle espacio, pero no puedo evitar escuchar parte de la conversación.

—Kolya —dice al otro lado de la línea, y sé por su tono que esta persona es alguien en quien confía—. Necesito que revises las misiones médicas de Ryker en los últimos seis meses. Busca a las personas que participaron con él, especialmente alguien que coincida en varias.

La llamada dura unos minutos. Ella toma notas rápidas en un cuaderno mientras escucha lo que le dicen al otro lado de la línea, y finalmente, cuelga y se gira hacia mí.

—Un nombre coincide. —Sus ojos están llenos de determinación—. Un enfermero que ha trabajado con él en casi todas las misiones.

—¿Cómplice o víctima?

—Kolya dice que todo en sus expedientes indica que es buena persona. —Hace una pausa y me mira encogiéndose de hombros—. Pero eso no significa nada.

—Quizás deberíamos hacerle una visita —murmuro y ella no duda ni un segundo. Agarra su bolso y ambos salimos de la biblioteca.

El camino hasta la casa del hombre es largo y silencioso. Liliana está concentrada, con los ojos fijos en el paisaje que pasa por la ventana. Yo, por mi parte, no dejo de pensar en lo que estamos a punto de hacer.

Interrogar a alguien no es precisamente mi especialidad, pero intimidar sí, y esto de que me deje sumarme como la bestia en funciones del equipo tiene su lado sexi… o eso es lo que quiere pensar mi lado esperanzado.

Cuando llegamos me estaciono frente a una pequeña casa que parece cuidada y sencilla. Me bajo del auto primero y echo un vistazo rápido a los alrededores antes de abrirle la puerta a Liliana. Sé que traemos escolta de lejos, encubierta, pero eso no me tranquiliza del todo.

Sin embargo ella camina con confianza hacia la entrada, como si ya supiera exactamente lo que va a decir.

El hombre que nos abre la puerta es joven, probablemente no mucho mayor que yo, con una expresión amable pero algo nerviosa. Nos saluda con cortesía, aunque puedo ver en sus ojos que no esperaba visitas.

—¿En qué puedo ayudarles? —pregunta, mirándonos con curiosidad.

Liliana no pierde tiempo con formalidades.

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