TOMO 3. CAPÍTULO 163. Una conciencia problemática
Liliana
Las palabras de Ryker me siguen rondando la cabeza como un eco incesante.
“¿Y exactamente por qué crees que traicionaría al hombre que me puede quitar de encima a ti y a tu mujer con tanta facilidad?”
Cada vez que las recuerdo, me pesa el pecho. Logan no es santo de mi devoción, pero sé que acabamos de alborotar el avispero y Ryker ya ha demostrado que cuando se siente acorralado es muy peligroso. Esta amenaza fue muy real, así que si decide presiona a su cómplice, Logan no vivirá mucho tiempo.
Quizás soy estúpida, quizás solo estoy prolongando lo inevitable, pero no quiero darme el lujo de perderlo. Aunque no debería, aunque podría jurar que me arrepentiré, prefiero eso que no pasar el resto de mi vida luchando con mi propia conciencia. Así que cuando Logan me mira con esos ojos como si esperara una sentencia, yo solo respiro hondo y señalo la casa.
—Recoge una maleta, te vienes conmigo —murmuro y él me mira como si hubiera perdido la cabeza.
—¿Qué?
—Que recojas una maleta —repito, cruzándome de brazos para no parecer insegura.
—¿Por qué? —pregunta mientras sus ojos me escudriñan, buscando la respuesta entre líneas. Sé lo que está pensando: si esto es otra de mis jugadas, si tengo una razón oculta, si me importa más de lo que debería.
—Porque fuera de tu propia casa es el único lugar donde estarás a salvo —rezongo porque juro que si me presiona lo patearé y se quedará aquí a morir solo como el perro descastado que es.
—¿Y ese lugar es… contigo? —pregunta con un tono que mezcla incredulidad y algo más que no quiero interpretar como esperanza.
—Sí, conmigo. En mi hacienda.
—Liliana…
—Mira, si vamos a discutirlo, mejor quédate aquí y juega a ver cuánto tiempo tardan en matarte —respondo, perdiendo la paciencia—. O te puedes ir a la casa de la playa pero…
—¡Allá estaré muy lejos de ustedes! —se niega.
—Exacto. Entonces… maleta, ropa, muévete.
Él respira hondo y asiente lentamente.
—¿Estás segura?
—No. Probablemente me arrepienta —le digo mirándolo directamente a los ojos—. En especial porque tú me advertiste que aprovecharías cualquier oportunidad para intentar meterte en mi vida otra vez. Pero… —Hago una pausa. No quiero seguir hablando, pero las palabras se me salen solas—. Pero tengo una maldit@ conciencia muy problemática, necesito estar en paz con ella; y no lo estaría si dejo morir al padre de mis hijos.
Logan no dice nada. Solo me observa como si tratara de descifrar algo que está más allá de las palabras, pero finalmente se da la vuelta y susurra antes de desaparecer:
—Dame cinco minutos.
Y realmente no necesita más, al punto de que cinco minutos exactos después, regresa con una bolsa de viaje al hombro y yo lo miro un poco espantada.
—¿Ya la tenías lista o qué? —lo increpo y él se encoge de hombros.
—Lo que se quedó se quedó, no me importa. Si no eché calzones me pondré tus tangas, seguro que tienes muchas.
Abro la boca pero me doy cuenta de que ni vale la pena protestar porque yo solita me metí en esto.

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