TOMO 3. CAPÍTULO 139. Hasta los límites
Liliana.
Arthur me mira con la misma expresión seria de siempre, aunque con un toque de sarcasmo que ni siquiera intenta disimular.
—¿De verdad tenías que decirme que dejara entrar a Carolina? —pregunta, cruzándose de brazos después de acostar a Brianna en su cunita.
—¿Por qué no? —Me encojo de hombros y le sonrío de lado.
—¿Qué querías exactamente que viera?
—Todo. Me gusta la idea de llevarla al límite —respondo, acostando a Brennan para mirarlo de frente—. Las personas como ella no pueden ser acusadas, pero si les tocas los puntos sensibles acaban vomitándolo todo y eso es lo que quiero.
Arthur suspira y sacude la cabeza, pero no insiste. Sabe que cuando tomo una decisión no hay marcha atrás.
—La estás preparando para la fiesta del gobernador. ¿No es cierto?
—Exactamente —confirmo—. Ahora debemos preparar la hacienda para esa celebración en particular. Quiero que todo esté perfecto. Y también quiero un lugar seguro al que podamos llevar a los niños ese día. Por supuesto, no se quedarán aquí mientras esto esté lleno de gente.
Arthur asiente, es un hombre que lleva la eficiencia al extremo y sé que cumplirá con cada detalle.
En los días que siguen, Logan parece haber desaparecido de la faz de la tierra. No sé nada de él, y me imagino que probablemente esté tirado en la cama lidiando con los efectos secundarios de la vacuna contra la rabia. Es mejor así. No necesito distracciones.
La fiesta para el gobernador está casi lista, y mi rutina solo se ve interrumpida una mañana cuando recibo una invitación inesperada.
—Es de la esposa del gobernador, quiere invitarte a desayunar —me avisa Arthur y yo accedo sin pensarlo demasiado.
Estoy segura de que mi pequeño “regalo” junto con la invitación a mi hacienda hizo su trabajo, después de todo, los diamantes siguen siendo los mejores amigos de una mujer.
El desayuno se lleva a cabo en un lujoso restaurante del centro, uno de esos lugares donde hasta respirar parece caro. Pero cuando llego, me sorprende ver que no está sola. La acompañan una docena de mujeres, todas perfectamente arregladas, con joyas que parecen costar más que un año entero de salario de cualquier empleado.
"Altas damas de sociedad", pienso. Todas sonriendo como si fueran amantes del té, pero sé perfectamente que solo están aquí porque quieren formar parte de mi círculo.
Sonrío con amabilidad y las saludo una por una, asegurándome de memorizar sus nombres. Después de todo, los aliados se eligen con cuidado. En cuanto termino de presentarme, saco mi teléfono y llamo a Arthur.
—Arthur, necesito un favor especial, y es un poco urgente —le comento en privado.
Media hora después, uno de sus asistentes de la compañía llega al restaurante con una caja negra adornada con listones dorados. Dentro están las invitaciones más lujosas que he mandado a hacer. Cada una lleva el nombre de estas mujeres grabado en tinta dorada.
—Espero que ustedes también puedan acompañarme —les digo con mi tono más dulce mientras les entrego las invitaciones una a una.

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