TOMO 3. CAPÍTULO 138. Una cara diferente
Logan
Cuando escucho a Liliana llamarme "Señor Greñitas" de nuevo, no puedo negar que algo dentro de mí se detiene. Es como si me transportara al pasado, a un tiempo en que todo era más sencillo, cuando todavía no se había destruido todo lo que teníamos. Me remueve por completo, me recuerda cuánto la estuve extrañando estos meses, y lo único que quiero en este momento es abrazarla, besarla, recuperar lo que éramos.
Pero apenas la tengo un poco cerca, solo un poco, a dos centímetros de su boca… la puerta del cuarto se abre de golpe y la magia del momento se rompe.
Carolina entra hecha una furia. Tiene el rostro desencajado y los ojos llenos de rabia; y juro que nunca la había visto así. Hay algo aterrador en cómo avanza hacia nosotros, y mi primer instinto, sin siquiera pensarlo, es ponerme frente a Liliana. La empujo ligeramente detrás de mí, como si eso pudiera protegerla de lo que está por venir aunque no sé qué sea.
—¡Qué demonios haces aquí, Logan! —me grita Carolina, señalándome como si yo fuera un criminal—. ¿Qué haces en esta casa, con esta… zorra y sus bastardos?
Las palabras me golpean como un puñetazo, y es demasiado evidente que a pesar del intento no pudo contenerse. La furia me sube al rostro, caliente y abrasadora.
—¡¿Qué demonios te pasa, Carolina?! ¡No hables así de los bebés! —le grito, con una voz que no reconozco como la mía. Me tiemblan las manos de contenerme, porque hay cosas que simplemente no se dicen, mucho menos de unos niños inocentes.
Carolina me mira como si no entendiera mi enojo, como si tuviera todo el derecho del mundo de decir lo que acaba de decir.
—¡Te pregunté qué haces aquí! —repite, dando un paso más hacia mí. Su mirada se clava en Liliana, que sigue detrás de mí—. ¡No puedo creer que sigas revolcándote con esta mujer después de todo lo que hizo!
—¡No tienes ni idea de lo que estás diciendo! —espeto, porque estoy seguro de que en este punto Liliana no se revolcará conmigo nunca más—. ¡No sabes por qué estoy aquí!
—¡Tienes razón, no lo sé, pero estoy bastante segura de que este es el último sitio en el que deberías estar! —me acusa ella.
Siento la mano de Liliana agarrando mi camisa sobre la espalda y sé que es porque tengo a nuestra… a su hija en los brazos.
—¿Qué demonios quieres, Carolina? —le pregunto, tratando de mantener la calma, pero la rabia me sigue quemando por dentro.
—¡A ti! —escupe, con los ojos llenos de lágrimas de pura rabia—. ¡Estás desaparecido hace más de medio día sin decirle nada a nadie! ¡Vincent movilizó a toda la familia para buscarte! ¡La casa parece un puto hervidero de gente y resulta que nadie me creyó que estarías aquí… jugando a la familia feliz con los bastardos de la tipa que trató de matarte!
No sé qué me sorprende más, que hayan estado buscándome solo por medio día, o que ella lo use como excusa para aparecer aquí.
—¿Y eso qué? —le contesto, sin poder contenerme—. Yo voy a donde quiero y con quien quiero, que para eso ya estoy grandecito.
Carolina me mira como si no pudiera creer lo que acabo de decir, como si acabara de decirle gorda o algo así.
—¡No tienes derecho a hacer esto! —me grita—. ¡A venir aquí, con esta... esta...!
—¡No le hables así! —le gruño antes de que pueda decir otra palabra, pero de repente siento la mano de Liliana en mi brazo, como si tratara de calmarme.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE