TOMO 3. CAPÍTULO 137. Deja que entre
Liliana
Dejo a Logan en el baño, todavía tambaleándose como si cada paso le costara la vida. No sé cómo terminó aquí, pero lo que sea que haya hecho para llegar a este punto no es mi problema.
Me sacudo esos pensamientos y me dirijo al cuarto de los niños. Brennan está llorando, uno de esos llantos que empiezan suaves y se van intensificando hasta que no hay forma de ignorarlo, porque no tiene sueño a pesar de que jugó todo el día.
Entro rápido para que no despierte a su hermana. Lo cargo con cuidado, sintiendo cómo se calma apenas lo tengo en brazos. Sus pequeños dedos se aferran a mi blusa, y me quedo balanceándolo suavemente, mientras tarareo una melodía que ni siquiera sé de dónde salió.
Es un truco que siempre funciona.
Las noches son mías porque Beri, después de todo el día lidiando con los gemelos, queda exhausta. No es que no podamos contratar una niñera, pero Beri no quiere que nadie más se acerque a ellos. Es tan celosa como yo en eso, y encima es paranoica, y con todo lo que nos rodea nade puede culparnos.
Tenemos demasiados enemigos, pero las máscaras van cayendo poco a poco. Pienso en el teléfono de Logan, antes de apagarse tenía decenas de llamadas de Vincent y de Carolina, deben estar buscándolo como locos.
Le sigo cantando a Brennan mientras lo paseo por el cuarto, tratando de hacer que se duerma, hasta que oigo un ruido en la puerta. Levanto la vista y ahí está Logan, parado como si hubiera visto un fantasma.
Tiene el rostro desencajado y los ojos húmedos; y por un segundo ninguno de los dos dice nada, porque entiendo lo que esto significa para él. Yo puedo decir que nunca me quiso realmente, pero eso no cambia todo lo que perdió y eso los dos lo sabemos muy bien porque se lo estoy poniendo justo debajo de las narices.
Nos miramos, congelados, hasta que de pronto Brianna empieza a llorar también.
Eso sí no fue planeado, pero Brennan más tarde o más temprano iba a despertarla. Miro hacia la cuna, contrariada, porque ya están demasiado grandes como para que los cargue a los dos, y al parecer Logan piensa lo mismo.
—Yo... —Lo veo dar un paso adelante, pero me muevo rápido, interponiéndome entre la cuna de Brianna y él.
—No te acerques —le digo y mi voz sale más dura de lo que esperaba.
Logan levanta las manos, como si tratara de mostrarme que no quiere problemas, pero puedo ver el dolor en sus ojos.
—Lili, no quiero lastimar a la bebé —me responde y su voz suena extrañamente rota—. Solo… quiero calmarla. No le voy a hacer nada, yo jamás…
Se interrumpe, aprieta los labios, niega… y yo dudo, porque su rostro está tan lleno de algo que no puedo identificar, una mezcla de tristeza y arrepentimiento, la misma que estaba esperando y aun así no me satisface. Finalmente, doy un paso a un costado, pero no dejo de mirarlo.
Logan se acerca lentamente, como si tuviera miedo de hacer algo mal, y carga a Brianna con una delicadeza que me toma por sorpresa. La sostiene como si fuera de cristal, como si temiera romperla, y por un segundo pienso que hasta está temblando.
Brianna lo mira con curiosidad, los ojos bien abiertos, sorprendida por este hombre que no reconoce. Pero Logan la sostiene como si lo hubiera hecho toda su vida, se balancea a un lado despacio, a pesar del dolor, y luego al otro hasta que encuentra su ritmo, meciéndola suavemente hasta que su llanto se convierte en pequeños sollozos y más curiosidad que otra cosa.
Eso me sorprende, sin discusión.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE