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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 874

Silvia Delgado, la hermana de la señora Moreno, armó un escándalo en la casa varias veces, pero antes de que la familia Vargas tuviera que echarla, su propio hijo fue a llevársela.

Todos temían ofender a Alejandro y que sus propias empresas pagaran los platos rotos.

Además, la señora Moreno se había equivocado y era justo que recibiera su castigo.

Oihana y Liana se enteraron de lo sucedido y se lamentaron en secreto.

—Viendo cómo Alejandro protege a Elena, ya no me atreveré a faltarle el respeto a su adorada mujer. Creo que nuestra alianza queda cancelada —suspiró Oihana.

—¿Así de fácil te rindes, señora Oihana? —preguntó Liana con una sonrisa fría—. La rama principal siempre se ha llevado la mayor parte de los bienes de la familia Vargas, y ahora Alejandro ha despedido a todos los parientes que trabajaban en el Grupo Vargas. Será muy difícil que nuestros hijos logren entrar a la empresa en el futuro. ¿No piensas luchar por ellos?

Por supuesto que Oihana no estaba dispuesta a rendirse, pero Alejandro era implacable y ellas no eran rivales para él.

Anteriormente, la familia de su esposo ya había sido desterrada al extranjero por Alejandro, y si no hubiera sido por la enfermedad de la anciana y por haberle suplicado a Damián que intercediera, jamás habrían podido regresar.

—Tú podrás conformarte, pero yo no —continuó Liana—. A fin de cuentas, no voy a ceder ni un solo centavo de lo que me corresponde.

***

Alejandro fue al hospital a visitar a Renato.

Renato no esperaba que él apareciera en persona, por lo que se sorprendió bastante.

—Director Vargas...

Alejandro le sirvió personalmente un vaso con agua.

—Señor Belmonte, le agradezco inmensamente por haber salvado a Elena.

Renato tomó el vaso con una expresión indescifrable.

Creía que un hombre tan orgulloso como Alejandro jamás se rebajaría a darle las gracias personalmente, ni siquiera por Elena.

Pero allí estaba.

Sabía que no tenía oportunidad alguna si intentaba competir contra Alejandro.

La misión que Viviana le había encomendado era imposible de cumplir, y tampoco deseaba destruir la felicidad de Elena.

Si se marchaba ahora, al menos dejaría un buen recuerdo en el corazón de ella.

Al enterarse de que Renato se iba, Viviana estalló de furia.

—¡Renato! ¿No prometiste que me ayudarías?

Las heridas de Renato no eran graves y, tras un par de días de reposo, ya podía caminar.

Bebió un sorbo de agua, sacó una tarjeta bancaria y se la entregó a Viviana.

—Además de un excelente puesto, el director Vargas me dio una bonificación millonaria. Te entrego todo este dinero como pago por todo el apoyo que me brindaste durante estos años.

—¡No quiero tu dinero! —exclamó Viviana indignada—. ¡Solo quiero que te quedes y me ayudes a hundir a Elena!

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