Renato sintió un dolor sordo y un entumecimiento recorriéndole la espalda. Una capa de sudor frío le cubrió la frente.
Elena le tocó la espalda y, al sentir la sangre tibia, el pánico se apoderó de ella.
—¡Renato!
La señora Moreno seguía forcejeando como un animal salvaje, gritando histérica:
—¡Elena, muérete de una buena vez! ¡Destruiste a mi hija, mereces morir!
Sus alaridos cesaron cuando Leandro le amordazó la boca con un pañuelo, silenciándola por completo.
Elena se giró hacia Bruno, con el pulso acelerado.
—¡Trae el auto, hay que llevar a Renato al hospital urgente! A esta mujer, entréguenla de inmediato a la policía.
—Sí, señora.
Entre Elena y Bruno ayudaron a Renato a subir a la parte trasera del vehículo. Era la primera vez que él estaba tan cerca de ella. El sutil perfume que emanaba de su ropa pareció adormecer el dolor de la herida.
Al llegar al hospital, el personal médico se llevó a Renato a urgencias para suturarlo. Elena y Bruno se quedaron esperando en el pasillo.
Tras dos agónicas horas, finalmente lo trasladaron a una habitación normal.
Elena entró tras los enfermeros y, al ver que los sedantes aún no pasaban, tomó asiento junto a la cama para vigilarlo.
Poco después, la puerta se abrió de par en par. Una mujer muy elegante entró a la habitación.
Elena giró la cabeza. Al ver su rostro, tuvo la fugaz impresión de haberla visto antes, aunque no recordaba dónde.
Viviana echó un vistazo a Renato en la cama. Estaba convencida de que su primo había orquestado todo aquello como una maniobra desesperada para ganarse la lástima de Elena, así que la herida la tenía sin el menor cuidado.
Se acercó un poco más y clavó su mirada en Elena.
—Soy la prima de Renato. ¿Acaso terminó así por protegerte?
Elena asintió, sintiendo el peso de la culpa.
—Lo siento muchísimo. Fui yo quien debió haber recibido ese ataque.
Viviana se cruzó de brazos, fulminándola con desprecio, pero no dijo una palabra más.
A las nueve de la noche, los efectos de la anestesia finalmente desaparecieron y Renato abrió los ojos.
Se sorprendió al ver a Elena y a Viviana en la habitación.
—¿Cómo te sientes, Renato? —le preguntó Elena al instante.
Él, aunque bastante débil, reunió fuerzas para contestar:
—Estoy bien.
—El doctor vendrá a revisarte pronto —añadió Elena, poniéndose de pie—. Tu prima se quedará contigo y ya dejé cubierta la cuenta del hospital, así que me retiro.
Había hablado con el médico minutos antes; la herida era superficial, no había dañado ningún órgano vital y sanaría por completo en un par de semanas. Por mucho agradecimiento que sintiera, el dinero era la única forma en la que podía recompensarlo.
—Qué bonito, ¿te vas así nada más? —soltó Viviana con frialdad—. Si le llega a pasar algo grave a mi primo esta noche, espero que la culpa no te deje dormir en paz.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....