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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1162

Al escuchar esas palabras, Viviana forzó una expresión de profundo dolor, pero por dentro estaba saltando de alegría.

Que Elena no quisiera regresar a la familia Valiente era la mejor noticia que podía recibir.

Su mayor pesadilla era que esos dos hermanos se reconciliaran con Hugo y terminaran peleando con Ezequiel por la herencia.

Sofía tomó a Elena de la mano y tiró de ella para alejarse de inmediato.

Mientras caminaban, Sofía refunfuñaba.

—Esa mujer seguramente está haciendo una fiesta en su cabeza porque no quieres regresar. Así su hijito se queda con toda la fortuna de los Valiente sin tener que mover un dedo. Cuñada, ¿no has pensado en volver solo para arrebatarles la parte que te corresponde por derecho?

Elena negó con la cabeza, tranquila.

—Prefiero invertir mi energía en cosas que valgan la pena. Y, la verdad, esa pequeña fortuna que tiene Hugo Valiente ni siquiera me llama la atención.

La salud de Hugo iba de mal en peor, y durante los últimos dos años Ezequiel había estado al mando. Como era de esperarse, la empresa ya estaba en picada.

Por el contrario, los negocios de Elena florecían cada día más, y Héctor había consolidado a la familia Valverde como un imperio imparable.

Obviamente, las migajas de los Valiente les resultaban insignificantes.

El auto de Alejandro estaba estacionado a unos metros. Al verlas acercarse, se bajó para ayudarlas a guardar las bolsas en la cajuela.

Luego, entrelazó sus dedos con los de Elena y la ayudó a subir al auto.

Sofía los observaba desde el asiento trasero, sintiendo una mezcla de alegría y envidia al ver la devoción con la que se trataban.

Sabía que un amor como ese era uno en un millón, y que lo más probable era que ella nunca lo experimentara.

Pero, aun así, se negaba a conformarse con las sobras de la sociedad. Su futuro esposo tenía que estar, al menos, al nivel de Máximo Zaldívar.

*

La noche de la esperada fiesta de cumpleaños de Sofía, Elena y Alejandro ya estaban listos para salir cuando, de pronto, Amira empezó a arder en fiebre.

Sin pensarlo dos veces, la llevaron de urgencias al hospital, perdiéndose la celebración.

Sofía, preocupada por su sobrina, le escribió un mensaje a su hermano:

"Quédense cuidando a la pequeña Amira. Cuando termine este martirio, paso al hospital a verla."

Siendo la protagonista de la noche, no tenía manera de escapar.

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