Al notar el nivel de estrés de su prima, Milena sugirió con tono casual.
—Rosalía, deberías dejar que tu mamá cuide a tu hija mayor y tú enfócate en el bebé. O, mejor aún, mándale el niño a tu suegra y tú quédate con la niña. Tratar de lidiar con los dos al mismo tiempo te va a volver loca.
Rosalía le respondió de muy mala gana.
—No confío en nadie para cuidar a mis hijos. No es tan fácil como tú crees.
Aunque estaba profundamente enamorada de Diego, siempre le había resentido a la familia Romero no estar a la altura del prestigio de los Valiente, por lo que se rehusaba a que su hijo creciera bajo su influencia.
Y en cuanto a dejar a su hija a cargo de su propia madre, esa opción estaba descartadísima.
Su madre consentía a la niña en exceso, y si la dejaba con ella, terminaría convirtiéndola en un pequeño monstruo incontrolable.
Haciendo caso omiso a la tensión, Milena soltó otra perla con su característico tacto de elefante.
—Pues es imposible que mantengas la paz. Digo, tu hija y el bebé ni siquiera son del mismo padre, ¿cómo esperas que se quieran?
Rosalía la fulminó con la mirada.
—Si no vas a decir algo útil, mejor cállate.
Ya estaba a punto del colapso nervioso, y los comentarios venenosos de Milena solo lograban hundirla más.
...
Del otro lado de la ciudad, Aurora llegó a casa brincando de felicidad con su juguete nuevo y el estómago lleno de helado.
Justo cuando Alejandro cruzó la puerta tras salir del trabajo, la niña corrió a su encuentro, presumiendo su nueva adquisición como si fuera el mayor tesoro del mundo.
—¡Papi, mira mi juguete nuevo!
Alejandro le acarició el cabello con ternura y sonrió.
—Está precioso, mi amor. ¿Te lo compró mami?
Aurora asintió con entusiasmo, pero de inmediato se llevó el dedito índice a los labios en señal de silencio.
—Shh... Mi hermanita está dormida, no vayas a despertarla, papi.
Alejandro soltó una risita por lo bajo, la levantó en brazos y caminó hacia el sofá.
—Entendido, capitana.
Aurora se sentó en los cómodos cojines y comenzó a jugar con su peluche en absoluto silencio.
Alejandro se acomodó a su lado, disfrutando de su compañía.
Al aburrirse del peluche, la niña sacó una cajita de estampas de uñas para jugar.
—Papi, te voy a poner unas calcomanías bien bonitas en las uñas.
Lejos de negarse, Alejandro extendió sus grandes manos y dejó que su pequeña estilista hiciera su magia.
Al dar las nueve de la noche, los bostezos de Aurora se hicieron evidentes. Alejandro la acompañó a su habitación, le leyó un cuento lleno de aventuras y la arropó con cariño.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....