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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1112

Al notar el nivel de estrés de su prima, Milena sugirió con tono casual.

—Rosalía, deberías dejar que tu mamá cuide a tu hija mayor y tú enfócate en el bebé. O, mejor aún, mándale el niño a tu suegra y tú quédate con la niña. Tratar de lidiar con los dos al mismo tiempo te va a volver loca.

Rosalía le respondió de muy mala gana.

—No confío en nadie para cuidar a mis hijos. No es tan fácil como tú crees.

Aunque estaba profundamente enamorada de Diego, siempre le había resentido a la familia Romero no estar a la altura del prestigio de los Valiente, por lo que se rehusaba a que su hijo creciera bajo su influencia.

Y en cuanto a dejar a su hija a cargo de su propia madre, esa opción estaba descartadísima.

Su madre consentía a la niña en exceso, y si la dejaba con ella, terminaría convirtiéndola en un pequeño monstruo incontrolable.

Haciendo caso omiso a la tensión, Milena soltó otra perla con su característico tacto de elefante.

—Pues es imposible que mantengas la paz. Digo, tu hija y el bebé ni siquiera son del mismo padre, ¿cómo esperas que se quieran?

Rosalía la fulminó con la mirada.

—Si no vas a decir algo útil, mejor cállate.

Ya estaba a punto del colapso nervioso, y los comentarios venenosos de Milena solo lograban hundirla más.

...

Del otro lado de la ciudad, Aurora llegó a casa brincando de felicidad con su juguete nuevo y el estómago lleno de helado.

Justo cuando Alejandro cruzó la puerta tras salir del trabajo, la niña corrió a su encuentro, presumiendo su nueva adquisición como si fuera el mayor tesoro del mundo.

—¡Papi, mira mi juguete nuevo!

Alejandro le acarició el cabello con ternura y sonrió.

—Está precioso, mi amor. ¿Te lo compró mami?

Aurora asintió con entusiasmo, pero de inmediato se llevó el dedito índice a los labios en señal de silencio.

—Shh... Mi hermanita está dormida, no vayas a despertarla, papi.

Alejandro soltó una risita por lo bajo, la levantó en brazos y caminó hacia el sofá.

—Entendido, capitana.

Aurora se sentó en los cómodos cojines y comenzó a jugar con su peluche en absoluto silencio.

Alejandro se acomodó a su lado, disfrutando de su compañía.

Al aburrirse del peluche, la niña sacó una cajita de estampas de uñas para jugar.

—Papi, te voy a poner unas calcomanías bien bonitas en las uñas.

Lejos de negarse, Alejandro extendió sus grandes manos y dejó que su pequeña estilista hiciera su magia.

Al dar las nueve de la noche, los bostezos de Aurora se hicieron evidentes. Alejandro la acompañó a su habitación, le leyó un cuento lleno de aventuras y la arropó con cariño.

Capítulo 1112 1

Capítulo 1112 2

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