Al atardecer del día siguiente, Elena llevó a Aurora y a la pequeña Amira a dar un paseo por el centro comercial.
Aurora había estado viendo una caricatura nueva y estaba obsesionada con conseguir el peluche de uno de los personajes.
Recorrieron toda una juguetería, pero no tuvieron suerte.
Afortunadamente, encontraron el preciado juguete en otra tienda al final del pasillo.
Aurora abrazó su nuevo peluche con una sonrisa radiante.
Con ojitos suplicantes, miró a su madre.
—Mami, ¿puedo comer un helado hoy?
Como Elena solo le permitía comer helado una vez a la semana y aún no había gastado su turno, aceptó de buena gana.
Tras comprar el postre, Aurora se sentó en una de las bancas a disfrutarlo en total silencio.
Elena sacó una galleta para bebé y se la dio a Amira, luego se giró hacia Aurora.
—¿Tú quieres una galletita también, mi amor?
La niña sacudió la cabeza con energía.
—No, gracias, mami.
Ya había probado las botanas de su hermanita antes, y al no tener azúcar ni sabor, no le gustaban en lo absoluto.
De hecho, al pensar que Amira tenía que conformarse con algo tan desabrido, sintió un poco de lástima por ella.
Se prometió a sí misma que, cuando su hermanita creciera, le invitaría de todos sus dulces favoritos.
Elena soltó una risita y guardó el empaque de galletas en su bolso.
Era evidente que a una niña de su edad no le gustarían las meriendas para bebés.
Sin embargo, sabía que si no se la ofrecía, Aurora podría malinterpretar las cosas y pensar que su madre ya no la quería y que solo le daba cosas ricas a su hermanita.
Por eso, Elena siempre se aseguraba de no hacer diferencias entre las dos.
Todo lo que le daba a Amira, se lo ofrecía también a Aurora.
En ese mismo centro comercial, Milena Valiente y Rosalía Valiente también paseaban con sus respectivos hijos.
Apenas el mes pasado, Rosalía había dado a luz a su segundo hijo.
Tras cumplir con su cuarentena de posparto, no aguantó más el encierro y decidió salir a despejarse con los niños.
Milena, por su parte, se les había unido con la única intención de escapar de las quejas de su suegra.
A lo largo de todo el paseo, Bárbara Valiente no había parado de hacer berrinches al notar que su madre solo tenía ojos para el bebé.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....