Al ver a Lorena tan vulnerable, Tania sintió un atisbo de lástima. Tras meditarlo un instante, le dijo:
—Lorena, tu única salida ahora es dejar de lado esos sentimientos y recuperar lo que por derecho es tuyo. Esa perra de Erika ya volvió a la familia Romero y disfruta de su vida de niña rica. Mírate a ti, tus verdaderos padres serán unos muertos de hambre, pero al menos son tu sangre. ¿Acaso olvidaste que tu madre te cambió en la cuna justo para que pudieras tener una vida de lujos? Y ahora está pudriéndose en la cárcel por culpa de esa maldita de Erika. ¿No piensas vengarla?
Al escuchar las palabras de Tania, un destello de conflicto cruzó por la mirada de Lorena. Su interior era una tormenta: por un lado, la agonía del amor no correspondido de Valerio, y por el otro, el odio sobre sus orígenes que Tania acababa de avivar.
Levantó la cabeza lentamente, clavó sus ojos en Tania y, con voz ronca, sentenció:
—Tienes razón, no puedo dejar las cosas así. Erika me robó todo, voy a hacer que pague por esto.
Tania amplió su sonrisa, mostrando su triunfo.
—Así se habla. Lorena, tienes que levantar la cabeza y no dejar que Erika se salga con la suya. Tú tienes algo a tu favor: eres más despiadada y decidida que ella. Si te lo propones de verdad, recuperarás todo lo que es tuyo.
La determinación endureció los ojos de Lorena, quien se mordió el labio y preguntó:
—¿Cuál es el plan?
La cara de Tania resplandeció de orgullo.

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