Sin dejar de hablar, Tania arrojó un puñado de fotos hacia Lorena.
—Míralas bien, él mismo le puso su chaleco y fue personalmente a recogerla. Lo de este hombre por ella no es cualquier enamoramiento.
Lorena miró las fotografías esparcidas frente a ella y el odio estalló en sus ojos como un volcán en erupción. Apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas, pero la furia no le permitía sentir el dolor.
—¿Por qué? ¿Por qué me hace esto? —la voz de Lorena temblaba, llena de ira y resentimiento—. ¡He sacrificado tanto por él, incluso lo he dado todo de mí, y él solo tiene ojos para esa maldita de Erika!
Se levantó de un salto y pisoteó las fotos con rabia.
—¡Erika! ¿Qué tiene de especial? ¿Por qué ella sí merece su amor y yo no? —Los ojos de Lorena destilaban celos y veneno, su rostro estaba desencajado por la rabia.
Tania observó la rabieta de Lorena y esbozó una sonrisa de burla.
—Lorena, ¿apenas te das cuenta de que perdiste? Desde un principio no debiste meterte con Valerio Ramírez. Su corazón le pertenece a Erika desde hace mucho, nada de lo que hagas cambiará eso.
Lorena fulminó a Tania con la mirada.
—¡Tú no sabes nada! ¡Yo lo amo, lo amo mil veces más que Erika! Ella es solo una mujer cualquiera, en cambio yo... yo sería capaz de hacer lo que fuera por él.
—¿Ah, sí? ¿Amor? —se mofó Tania—. Tu concepto de amor es asquerosamente egoísta. Para tener a Valerio, estás dispuesta a destruir a quien se te cruce por delante. ¿Crees que así vas a conseguir que te ame? Te equivocas, cada cosa que haces solo logra que te desprecie más.
El cuerpo de Lorena tembló ligeramente. Sabía que las palabras de Tania eran ciertas, pero se negaba a aceptarlo.

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