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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 874

Quizás Valerio también notó ese sutil cambio en ella. No quería forzar las cosas ni presionarla en ese momento. Terminó el agua de su vaso y se levantó despacio.

—Ya es tarde, me retiro. Descansa. Ah, y por cierto, hasta que no encuentre a Lorena Jiménez, es mejor que no invites a tus amigas a Villa Luna Blanca, para evitar que las sigan. En cuanto a las dos niñeras, si confías en ellas, puedes llevarlas contigo.

—Oh, de acuerdo —Erika también se puso de pie—. Te acompaño a la puerta.

Los pasos de ambos eran lentos, como si cada movimiento estuviera cargado de pensamientos que ninguno de los dos se atrevía a decir en voz alta.

Erika lo acompañó hasta la entrada. Valerio cruzó el umbral, pero se giró para mirarla una vez más. Ella tenía la mirada baja, con las manos entrelazadas al frente, luciendo un poco nerviosa.

Él, por su parte, la observaba en silencio, con los ojos llenos de una profunda nostalgia y un evidente dolor por tener que irse.

Abrió un poco los labios, como si quisiera decirle algo más, pero no encontró las palabras adecuadas.

Al final, solo dejó escapar un leve suspiro.

Ese sonido resonó con claridad en el silencio de la noche, como si llevara consigo una carga inmensa de emociones no expresadas.

La mirada de Valerio recorrió el rostro de Erika, intentando grabar cada detalle de sus facciones en lo más profundo de su corazón.

Llevaba el cabello recogido de forma casual y un par de mechones caían sueltos sobre sus mejillas. Él sintió un deseo abrumador de extender la mano para apartárselos, de jalarla hacia él y envolverla en un abrazo apretado, pero logró contenerse.

—Cierra la puerta —dijo Valerio, con una voz profunda y dulce, en la que se percibía un ligero y casi imperceptible temblor.

Erika asintió suavemente. Sus ojos recorrieron el apuesto rostro de aquel hombre, provocándole un torbellino de sentimientos encontrados.

Ese hombre le había causado tanto dolor en el pasado, pero ahora...

—Cuídate mucho. Ya me voy —insistió Valerio, con la voz cargada de sincera preocupación.

Erika esbozó una media sonrisa y respondió en un susurro:

—Tú también.

Valerio le dedicó una última y profunda mirada antes de darse la vuelta y alejarse.

De regreso en la sala, Erika se sentó en el sofá con la mente hecha un lío. Miró las luces de la ciudad a través de la ventana, sintiéndose completamente desorientada sobre lo que deparaba el futuro.

...

Al día siguiente.

Después de que Valerio recogiera a los niños, otro grupo de guardaespaldas llegó para llevarse las cosas que faltaban.

Capítulo 874 1

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